
Después de muchos años decido bajar a Los Cristianos, lugar donde deje mi infancia y la mejor parte de mi adolescencia, siete años ya sin pararme por esas calles que una vez fueron mi casa. Porque si, yo era uno de esos niños que vivía en la calle, jugaba en la calle, se enamoraba en la calle y se educaba en la calle. Y en esas calles me encontré hoy caminando como podía, desequilibrándome a cada paso, andando por encima de recuerdos, algunos tan altos y otros tan profundos que no me dejaban seguir el camino.
Mirará a donde mirará ahí se encontraban, tirados en las aceras, sentados en los bancos, apoyados en algún muro, metidos en las tiendas y los bares……..
Y los vi a todos, a mi primer beso, a mi primera novia, a aquellas tardes de fútbol con los amigos, a las peleas, a los trompos repicando contra el suelo, a los soldaditos en fila a punto de entrar en una batalla donde ganaba el que hacía las onomatopeyas más amenazantes, a la ventana de aquella chica que amé con corazón de adolescente y que nunca me conoció, a aquel chico, ahora casado y con un niño en el regazo, que me atormentaba por sistema en todos los recreos, a la casa de la profesora que más quise y que ahora descansa para siempre en una nube tan grande como su corazón.
Seguí caminando con las piernas temblorosas y el corazón revuelto de tanto recuerdo que parecía olvidado. Y entre tanta sacudida del pasado seguí encontrándome con más recuerdos.
Mi primer porro en un muro escondido, la primera vez que una chica me dijo te quiero sin entender que significaba, mis amigos, todavía con acné de quinceañero sentados en un portal divirtiéndose mientras pensaban en que hacer para no aburrirse, mis miedos de adolescente resguardados en esa estúpida actitud insolente de los catorce, donde todo es una mierda y nadie entiende nada, la primera calada a un cigarro que todavía no he conseguido dejar de fumar…………..
Pinché mi bono-bus y me acomodé en el vehículo que me traía de vuelta a casa. Ahí seguirán para siempre mis recuerdos, tirados en las calles de ese pueblo, esperando que algún día los vuelva a visitar. Mi corazón ya late con normalidad y las piernas responden a cada orden que les doy. Lo malo de darle la espalda al pasado durante mucho tiempo es que cuando te lo vuelves a encontrar cara a cara te cuesta más mirarlo a los ojos sin pestañear y te resulta más difícil esconderle las lágrimas que caen por todas aquellas cosas que dejaste atrás, por las que no hiciste y por las que pensaste que algún día podrías superar.
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Recuerdos |