HITTIN´ IN THE RAIN
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Publicado en Arte facto |DEJAR DE USAR INTERNET EXPLORER ES BUENO PARA TU SALUD Y PARA LA DE TU ORDENADOR.
PORQUÉ??
Pues muy fácil:
Razones para dejar de usar el Internet explorer y empezar a usar el Mozilla Firefox.
Publicado en Descatalogados |Señores, es viernes. Recojo mis bártulos y me voy. Libertad condicional, permiso temporal o gratificación por buena conducta. Llamarlo como queráis…
Publicado en Paisajes Sonoros |
Hoy va de cuentos…
Érase una vez un actor enamorado. Del teatro, por supuesto. Pero también de una actriz.
Hubo un antes en que no la conocía. Ese antes era perfecto. Nuestro actor se subía día tras día, noche tras noche, función tras función, a cientos de escenarios repartidos por todo el mundo. Algunas veces con más éxito que otras, pero siempre con la misma sensación, la de plenitud vital. Nada más le hacía falta, nada más le llenaba tanto como el teatro, el ir y venir, el conocer y experimentar miles de lugares con sus miles de características que los hacían únicos a unos de los otros.
Una noche nuestro actor descansaba placidamente al borde de un escenario, el proscenio que se llama, descansaba con una cerveza en la mano y un cigarro en la otra, mirando como espectador a los espectadores que por ahí andaban todavía, satisfecho de su última función, con la que había vuelto a recibir todo lo que necesitaba en su vida, un aplauso interior que sólo el podía percibir y que le era imposible describir cuando le preguntaban, “qué se siente?”.
Aquella noche, con la mirada pérdida entre los espectadores le pasó algo inaudito, una espectadora sobresalía del resto, no por altura, ya que esta era de un tamaño más bien bajo, ni por extravagancia, ya que no vestía de manera singular. Fueron sus ojos, fue su mirada, fue esa manera de inyectar sus pupilas en las de él, como si los tres o cuatro metros que los separaban, fueran en realidad tres o cuatro centímetros. Quizás ni eso.
Nuestro actor apartó la mirada, “no es posible”, se dijo, “nadie destaca en mi realidad”. Le dio una calada más a su cigarro, bebió el último trago de su cerveza y siguió con la mirada pérdida entre el gentío, esta vez en otra dirección. “Evitaré distracciones absurdas”, se dijo.
De repente nuestro actor siente un ligero empujón y a continuación, una presión en su hombro derecho. Alguien se apoya en él para subirse al escenario. No pasan tres minutos cuando vuelve a sentir la misma presión en el mismo hombro. Esta vez si levanta la mirada y, mientras lo hace, ve como una silueta se mueve con rapidez pasando por delante de él, de derecha a izquierda y se sienta a su lado.
Quiere hablar.
El actor, no sin esfuerzo, consigue salir de su burbuja vital y comenzar una conversación. Una frase tímida lleva a una contestación y esta a otra frase, está vez más fluida. Y luego una sonrisa. Y luego una carcajada. Más adelante comienza una conversación. Intensa, divertida, fluida. El actor pierde la noción de su tiempo y de su espacio y se deja llevar por lo que cree reconocer, es una agradable compañía. Cuantas nuevas sensaciones. Sin texto, sin marcas ni atrezzo, sin aplausos al final de cada acto, sin final, ni trama, ni nudo, ni desenlace.
De repente todo se termina. La conversación se apaga y ella se va. Y él la ve irse, entre butacas, mirando de vez en cuando hacía atrás con esa sonrisa que hace unos instantes era sólo para él y que ahora se confundía con la distancia.
Algo ha cambiado. Dentro de él. Nuestro actor ya no siente esa plenitud de la que tanto pavoneaba. Ahora siente algo distinto. Nuevo. Siente falta. Le falta algo. Por primera vez algo le crea melancolía en su corazón. Entonces se da cuenta, aquella espectadora, aquella conversación, aquella sonrisa.
Por primera vez en su vida, nuestro actor tiene que buscar algo…
(Continuara… )
(o no)
Tenía 12 años. Estaba en mi cuarto, ordenando mis revistas especializadas (MAN,Interviú, Primera Linea, …). La explosión hormonal ya estaba en marcha y hacía unos meses que había dejado los soldaditos de plástico y mis grandes batallas onomatopéyicas por el descubrimiento de un nuevo mundo lleno de turgentes formas femeninas, fotos en bikini y subidas de falda en el recreo……
Por el patio de luces de mi edificio oigo una voz en grito clamando mi nombre más allá del cielo. Es mi amigo Toni. Bueno, amigo, digamos que en la infancia los vecinos de tu edificio se mueven en una línea indefinible de amistad que se pierde con el tiempo.
Toni era un personaje, uno de los “fuertes” del colegio. Durante su niñez había recibido palos de todos los colores en el barrio. Era un niño enclenque, bajito y cabezón con una cara de pringado que lo hacía objetivo perfecto para las putadas propias de esas edades. Un buen día el enclenque decidió llenar dos garrafas de agua de
“Daaaaaaaaaaviiiiiid!!!”, no había hablado de su voz, grave y potente, como la de un buen matón. “Daaaaaaaaaaviiiiiiid!!”, como para no asomarse.
Saco la cabeza tímidamente por mi ventana y ahí está, el enorme cabezón de mi “amigo” Toni intentando, inútilmente, entrar por los barrotes del patio. Que baje me dice, que están ahí con él Sheila y Ana Vanessa.
Sheila y Ana Vanessa…… buff!! En 3 segundos estoy completamente desnudo y literalmente dentro del armario buscando mis mejores ropas. ¿Cuál será
Bajo como un pincel y, con triple dosis de colonia barata y 129 pulsaciones por minuto, desciendo las escaleras de tres en tres con la fuerza de la gravedad descompensada por el peso extra de mis cargados huevecillos de adolescente.
Abro la puerta del portal y me encuentro con mi amigo cabezón y sus dos amigas. “Vamos al garaje”,”para?”, “Tú ven y ahora te explico”, “vale”. Risas, de ellas. Yo y mi corazón taquicardico nos metemos de nuevo en el portal y cogemos el ascensor junto con nuestros tres acompañantes.
Antes de llegar al garaje hay una pequeña habitación que separa al ascensor y al resto del edificio del garaje. Tres metros cuadrados a lo sumo pintados de blanco y con uno de esos interruptores que se ilumina cuando la luz está apagada. Todavía no se había iluminado.
Voy a abrir la puerta para acceder al garaje y Toni me lo impide. Me mira y sonríe. “de qué va esto tío?”, “tu espera”, “espera para qué?”, “qué esperes joder”. Espero.
Mientras, esas dos pánfilas siguen cuchicheando en una esquina de la habitación, como negociando algún mal asunto.
Yo me pongo contra la pared, derrotado por la situación, no se que va a pasar ni porque, si me va a gustar o si de esta me voy a acordar el resto de mi vida. La gran putada, por Toni, el fibroso cabezón. Pasaré a la historia como el pringado más grande del globo?
Se apaga la luz. Se ilumina el interruptor. Antes de que me de tiempo de encenderlo unas manos que no son las de Toni agarran a las mías, un cuerpo que no es de Toni se aprieta contra el mio y una lengua que no es la de Toni se mete en mi boca y empieza a jugar con mi lengua asustada.
No tengo ni idea de porque me está haciendo esto, nunca lo había imaginado tan…., no sé, tan…… “salivoso”. Si, esa es la palabra que lo define, salivoso. Muevo la cabeza y la lengua intentando en todo momento coordinarlas con las suyas, para no parecer un torpe y un novato. Al minuto de estar experimentando empiezo a sentir sensaciones diferentes, todas ellas agradables. Ya me he adaptado a la situación, es excitante y divertida. Mis manos deciden entrar en acción y palpar ese cuerpo que viene acompañando a la lengua y la boca desde el principio y que había dejado abandonado para concentrarme en perfeccionar mi intercambio de lengüetazos salivosos.
Mi primer beso. En la habitación de un garaje, completamente a oscuras, sin saber a quien se lo estoy dando. No, no es como me lo esperaba. Pero es genial.
A la media hora salimos del garaje. Todos rojos como tomates y medio sudados. En el ascensor casi no hablamos. Toni se limpia la boca bruscamente, como quien intenta despojarse de un pecado con su camiseta, restregándose con saña. Me mira y sonríe. Si, acaba de pasar oficialmente a amigo.
No he cruzado una sola palabra todavía con ninguna de las dos. Son de la misma estatura, las mimas medidas, idéntico pelo. No sabría diferenciar con cual de las dos he estado dejándome el morro durante media hora. Nos sentamos en un banco. Toni se queda de pie. Empieza a hacer el pato y a contarnos anécdotas, de las cuales calculo que el 91.7% son mentiras, el 3,3% verdades a medias y el 5% cosas que le han pasado a otras personas. Pero es divertido, como cuando escuchas la radio por la madrugada y oyes los testimonios y anécdotas de media España.
De repente Sheila se acerca y me dice al oído, “besas muy bien, se nota que tienes experiencia”, y yo, con una ceja medio levantada, más por asombro que por chulería, le contesto, “tú también”, le muerdo el labio y sigo escuchando a Toni. En ese momento no me di cuenta, pero acababa de dar carpetazo a una época de mi vida y comenzaba otra completamente nueva, desconocida y excitante.
Fin del recuerdo nº 2354
A uno le venden la moto de que Internet es un medio incontrolable, imposible de manipular por “los de siempre” y de libre opinión sin limitación de ningún tipo.
La realidad es bien diferente y “los de siempre” ya están apoyándose en las grandes empresas del sector tecnológico para llevar a cabo todas sus acciones de represión y control.
Publicado en Curiosidades |Caso práctico:
Me levanto de mal humor. Sin razón, como tiene que ser. Lo de siempre, lavarse, vestirse, desayunarse, desperezarse y pirarse al curro. Viene mi taxi particular a recogerme donde siempre, como siempre y de camino, como no, hablamos de lo de siempre: “que tiempo hace no?”, “viste el partido?, de pena tío, de pena”, “joder, que pereza, a ver si llega ya el finde no?”. Con alguna que otra variante dependiendo del día de la semana, claro.
Llegamos a la oficina, encendemos los ordenadores y con las mismas salimos por la puerta y vamos a tomar el café. Momento cumbre. Abrimos el primer periódico, ni siquiera ojeamos la portada. A ver, Tauro:
Publicado en Curiosidades |
Todavía mantengo ese olor a sexo, tu sexo…
En la habitación la atmósfera es espesa, el ambiente cargado no nos permite movernos con la agilidad con la que emprendimos la noche. Nuestros movimientos, lentos y cadenciosos, están directamente coordinados con nuestras respiraciones. Nuestros cuerpos calientan los veinte metros cuadrados de
La música no está muy alta, pero si lo suficiente como para que sólo podamos murmurarnos al oído. Cada palabra va acompañada por el roce suave de tu lengua jugando con el lóbulo de mi oreja. Tus frases son cortas, directas. No te hace falta más para decirme lo que quieres. Yo te hago caso, por está vez. Lo que desees será concedido. Cambio de posición, te muevo a mi antojo y tú te dejas hacer, a sabiendas de que has conseguido lo que querías. Yo te domino, en la cama no hay discusión, cada uno tiene su rol. Tu pides y yo te doy cuando lo considero oportuno, o divertido, o excitante. A veces no te lo doy y espero a que me lo vuelvas a pedir, a que me ruegues, a que me chantajees con tus roces y movimientos, con tus caricias y tus mordiscos, con tus súplicas al oído. Estás completamente sometida y eso me encanta.
Doy y me das, elevamos la intensidad, me arañas la espalda y me oprimes con fuerza, como si pretendieras que nos fundiéramos lentamente en un sólo ser. Me muerdes el cuello y suspiras fuertemente en mi oído. Cada vez nos movemos más rápido, cada vez más fuerte. Nuestros cuerpos se sacuden perfectamente coordinados. Gemidos y convulsiones, nos apretamos con más fuerza mientras todos nuestros músculos temblorosos se preparan para la conmoción orgásmica que está a punto de llegar.
De repente,
Termina la canción.
Sigo arrastrando mi cuerpo por el camino embarrado, siguiendo los pasos de mi hermano mayor, que con sólo 12 años, ya sabe lo que es tener las manos y la conciencia manchadas de sangre.
Llevamos horas caminando, alejándonos lentamente de lo que una vez fue nuestro pueblo y ahora sólo es un amasijo de hierros y de escombros unos encima de otros, creando deprimentes montañas que todavía hoy, mirando hacía atrás, nos dejan ver el humo que sale de sus entrañas, único testigo en movimiento de todo lo que allí sucedió horas antes.
Publicado en Vidas Paralelas |

En la tribu no tenemos teléfono móvil. Tampoco tenemos dirección postal, ni correo electrónico. De hecho, en el poblado no existe la electricidad.
Vivimos en una llanura que se encuentra justo debajo de la montaña más grande que la vista nos deja observar. De esta montaña baja un río de agua cristalina que bordea el poblado por su lado derecho. No tenemos grifos. Cuando necesitamos agua, nos acercamos al río y llenamos un cuenco hecho de raíces secas y forrado con piel seca de zorro. Cuando necesitamos asearnos nos lanzamos al agua y nos limpiamos. Siempre nos bañamos en la zona más baja del río y cogemos el agua potable en la más alta.
En el poblado no existen las horas, ni los minutos, ni los despertadores, ni siquiera los días de la semana. Nos levantamos cuando estamos descansados y dormimos cuando tenemos sueño. Cuando tenemos sed, bebemos y cuando tenemos hambre vamos a cazar o a pescar o extendemos la mano y cogemos un fruto del árbol más cercano. Intentamos coger los que están a mayor altura y les dejamos los demás a los animales que viven con nosotros. Así todos tenemos comida.
Publicado en Vidas Paralelas |