Archive for Julio, 2007

Jul-30-2007

DE BOTONES

Cuando empieza a acercarse la noche es inevitable hacer un chequeo de todo lo que te ha sucedido durante el día que ya llega a su fin.

Mientras desabotono parsimoniosamente cada uno de los botones de mi camisa azul marino siento como si cerrará con cada botón las situaciones que he vivido en las últimas veinticuatro horas:

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Publicado en Vidas Paralelas |
Jul-25-2007

CARTA ABIERTA AL DESAMOR

“Estimado Desamor,

Otra vez ha vuelto usted a entrar en mi vida sin preguntar, sin ser invitado, arrasando con mi frágil felicidad de papel maché.Aún así no le recrimino nada, siempre parece tener apariciones inoportunas, pero con el tiempo he aprendido que lo que usted me lanza no son flechas envenenadas, sino flotadores para sacarme de mis naufragios afectivos.

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Publicado en A Pulmón Abierto |
Jul-25-2007

MI HERMANO “MEDIANO”

Y no mediano por tamaño o por importancia, simplemente por que le tocó ocupar ese lugar en el tiempo. Por un lado estoy yo, el pequeño y mimado, y por otro mi hermano Jaime, el mayor y preocupado. En el medio, está Jose, que hoy cumple treintayalguno.

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Publicado en Compañeros de cajetilla |
Jul-24-2007

EL DÍA QUE AMANECÍ MUERTO

Me despierto de golpe en la bañera, estoy sumergido bajo el agua, abro los ojos y todo a mí alrededor se torna borroso. Intento respirar y trago muchísima agua, pero no me atraganto, no siento ni padezco ningún tipo de sensación. Es como si me hubieran nacido branquias en los costados y mi cuerpo estuviera asimilando toda esa cantidad de agua con total normalidad. Cojo impulso para levantarme y saco la cabeza a la superficie. Estoy en mi cuarto de baño. La luz está encendida y la radio sigue sonando. De repente lo anuncian, son las siete y media de la mañana. Salgo de la bañera con movimientos rápidos y torpes y a mi paso lo dejo todo lleno de agua. Corro hacía mi cuarto, mientras intento secarme por el camino y casi resbalo. Me pongo unos vaqueros y una camisa y voy a mirarme al espejo para ver la pinta que tengo.

Mi cara esta azul, con tonos violáceos. Tengo las órbitas de los ojos desencajadas y la garganta hinchada. Sino fuera porque me siento vivo juraría que estoy muerto. Me acerco más y más hasta casi tocar el espejo con la nariz. Respiro y el cristal no se empaña con el vaho de mi aliento. Vale, estoy muerto.

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Publicado en Vidas Paralelas |
Jul-23-2007

SIMPLIFICAR

 

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Parece fácil en un primer momento, pero es bastante complicado, sobre todo a la hora de aplicárselo a uno mismo. Realmente existe el pensamiento simplificado? Si es así, yo quiero aprender a hacer uso de él.Este fin de semana me fui de acampada con mi hermano, los dos solos, a una playa del norte de la isla, de arena negra, rodeada por acantilados y donde lo más parecido a tu vida diaria se refleja en algún que otro grupo de campistas que se traen la casa a cuestas, algo así como hacer tu vida normal pero con arena. Incomprensible, pero bueno. Simplifiquemos.

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Publicado en Reflexiones Mentoladas |
Jul-18-2007

VÍA LÁCTICA

La cosa es bien sencilla, sólo tengo que subirme a esa vaca que vuela y atravesar el arco iris con cuidado de no mezclar los colores. Mi amigo Elipto, subido en su unicornio con cara de vieja sabia, me alienta con las manos para que intente tal hazaña. Yo, confuso, más bien acojonado, agarro las riendas de mi caballo con cuerpo de avioneta y pataleo con fuerza sobre el costado de sus alas, cerca de los rudimentarios motores de hélice de madera.

 

Así, atravieso el cielo, que no es cielo, sino mar en suspensión y me acerco a la vaca voladora que muge alegre al percatarse de mi presencia. De un salto me coloco en el lomo de la vaca y está despega veloz hacía el arco iris.

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Publicado en Curiosidades |
Jul-16-2007

ANSIEDAD

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Cuando menos te lo esperas te atrapa. Todo parece normal. Tienes un millón de problemas en la cabeza que no sabes computar con claridad, no hay fórmula matemática que los resuelva, mil variantes ajenas a tu control hacen que cada problema se convierta en un kilo de tensión para tu espalda.

 

Luego pasas a otro. Igual de grande, igual de incontrolable, igual de pesado. Caminas con dificultad por la calle, pasas al lado de la realidad sin percatarte de ella, miras sin fijarte en lo que te rodea y oyes sin escuchar lo que suena allí fuera.

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Publicado en Reflexiones Mentoladas |
Jul-13-2007

PUNTOS DE VISTA

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Voy caminando con mi hermano por la calle. Atravesamos la ciudad a toda velocidad, mi hermano y yo no sabemos caminar despacio, somos de esos que van de A hacía B y cuanto antes mejor.

Mientras caminamos nos ponemos al día, últimamente no nos vemos tanto como nos gustaría y aprovechamos estos momentos para agilizar temas. De hecho, son los mejores momentos para hacerlo. Como vamos a toda castaña por las aceras, casi no podemos mirarnos a la cara y eso facilita, en ocasiones, que las cosas salgan a relucir con más sinceridad. Es más fácil decir determinadas burradas que piensas cuando no lo tienes que hacer mirando a la persona afectada directamente a los ojos.

Y hablando de ojos, mi hermano es un cegato, como yo. Quizás un poco más. Lo único que nos diferencia es que yo siempre voy con mis gafas de pasta a todos lados, básicamente porque me gusta saber que pasa más allá de un radio de 58 centímetros de mi posición. A mi hermano no parece afectarle tanto, él es capaz de vivir en su burbuja de visualización medio métrica y no agobiarse en absoluto. Si alguien le saluda desde la acera de enfrente, él simplemente levanta la mano, con un gesto mecánico, sonríe y hace como que mira fijamente. Puede estar saludando a alguien que hace dos minutos le preguntó la hora, o a alguien que le salvó la vida hace un día, a un conocido de vista o a su propia madre, pero él siempre hace el mismo gesto, sin variaciones. No distingue las manchas en movimiento, pero es feliz.

A estas que estamos hablando y andando y mi hermano se para en seco y mira hacía el suelo, a la carretera, justo hacía el espacio que hay entre el bordillo de la acera y la rueda de un Seat blanco. Yo miro curioso hacía el sitio en cuestión y no veo nada que pueda haber llamado tanto la atención de mi hermano.

Entonces lo suelta:

“¿Has visto tío?, ¿Qué caracol más bonito no?”

Yo vuelvo a mirar y entonces caigo en la cuenta. Echo mi cuerpo hacía atrás y empiezo a descojonarme. Me contorsiono de arriba a abajo y de derecha a izquierda, casi sin poder respirar y con la mandíbula desencajada. Las carcajadas, sonoras e incontrolables, acaban al poco dañándome la garganta. Dejo de ver todo lo que hay a mi alrededor porque tengo los ojos llenos de lágrimas. Acabo casi de rodillas, apoyado en el Seat blanco, resoplando e intentando serenarme para poder respirar un poco.

Entonces mi hermano me suelta:

“¿A ver, qué, es que te ha parecido una mariconada el comentario?. Joder tío, es precioso, parece sacado de una película de animación. Has visto los colores?”

Yo me vuelvo a descojonar, y entre carcajada y carcajada le digo que lo que realmente está viendo no es un caracol multicolor sacado de un mundo de ilusión, sino el envoltorio de un caramelo y un hueso de albaricoque a su lado.

Entonces mi hermano se queda callado, con la mirada fija en su caracol, reflexionando sobre algo que no consigo entender. Yo esperaba que se riera un poco de si mismo y de su ceguera ilusoria, pero él se ha quedado con el semblante reflexivo, como mirando más allá del envoltorio y el hueso.

“Pues que quieres que te diga tío, mi mundo es mucho más bonito que el tuyo, donde tu ves mierda, yo veo cosas preciosas”

Sube la cabeza y empieza a caminar. Y yo, yo me quedo ensimismado mirando el envoltorio y el hueso de albaricoque, intentando ver al caracol de bellas formas y colores, pero no soy capaz de ver más allá de la suciedad. Que mierda, pienso, mi mundo es una mierda y está lleno de mierda. Me quito las gafas y sigo caminando. Necesito nuevos puntos de vista de mi realidad. Alcanzo a mi hermano y seguimos caminando a toda leche de A hacía B. Mientras hablo con mi hermano voy mirando al suelo.

Necesito encontrar a mi caracol.

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Jul-11-2007

RETRATO DE UNA OBSESIÓN

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Agapito piensa que a su edad ya debería empezar a cuidar un poco más su apariencia. Agapito tiene trescientos mil pelos marrones, 169 centímetros de estatura, 18 años y 33 kilos sobrantes que rodean a su cintura creando un flotador de tamaño considerable, unos muslos que engullen el tiro de todos sus pantalones y una cara en la que es imposible diferenciar la barbilla de las mejillas.

 

Agapito es una persona perseverante y obstinada y, cuando decide algo, no hay quien le pare. Hace tiempo decidió que podía comerse todo lo que había en la nevera y durante siete horas cocinó y engulló sin descanso toda la comida que había en ella. Luego, su padre, un ser igualmente perseverante y obstinado, le dio una tras otra, cuatrocientas veinticinco hostias repartidas en sus dos mejillas. Su padre había decidido que no iba a dejar de hostiar a su hijo hasta que se le rompiera la correa de su reloj. Era un buen reloj.

Agapito hoy se ha levantado decidido a llevar hasta el final su nuevo propósito, adelgazar 33 kilos en un tiempo record. Para ello previamente se ha informado de manera concienzuda sobre todas las dietas posibles. Para ello ha devorado, en primer lugar, todas las revistas especializadas en el género. De esas que en portada sacan a un hombre con una tableta de chocolate incorporada en el estómago y a una mujer que a golpe de photoshop no tiene ni un indicio de grasa en su cuerpo. “La dieta de la alcachofa como nunca antes te la habían contado”, “conviértete en un hombre atractivo sin esfuerzo en dos semanas”, “la silueta que siempre has soñado sin el esfuerzo que siempre has temido”.

 

Después, cansado de tanta falsa promesa y tanta foto desmoralizadora, ha comenzado con las “cuerpo y Mente”, “Vida Sana”, “Salud y Vida”, etc, etc.

 

Sin haber sacado muchas conclusiones, Agapito ha entrado en Internet y ha navegado durante horas por la extensa red buscando toda la información posible. Tras una semana de intensa búsqueda, Agapito maneja ahora un vocabulario más técnico, y las calorías, los hidratos de carbono, las grasas saturadas, los triglicéridos, la fibra natural y los lípidos son ya conceptos de uso frecuente para él.

 

Finalmente, Agapito ha estirado las manos hacía el cielo y las ha bajado con furia, estallando en mil pedazos el cerdito que guardaba el dinero para su viaje a Chocolatolandia, un viejo sueño de su época devoraneveras.

 

Con paso firme se ha dirigido a dietistas, naturistas, herboristas, tarotistas, preparadores físicos, nutricionistas e incluso psicólogos para que entre todos, confeccionen la dieta milagro que le haga perder de vista definitivamente esos 33 kilos que le acompañan a todas partes.

 

Agapito ha comenzado su dieta. Los efectos secundarios no se hacen esperar y Agapito arrastra tras de sí, en los primeros días, un par de kilos menos de grasa y un par de kilos más de mala leche que le hacen un ser temible. A las dos semanas ya nadie le lleva la contraria a Agapito, sobre todo, después de que su amigo de toda la vida amaneciera con dos dientes rotos tras haber añadido, sin su consentimiento, tres cucharadas de azúcar en su café. “Te dije sacarina Adolfo, sacarina”, repetía Agapito serenamente mientras abofeteaba a su mejor amigo.

 

Agapito deja de salir con sus amigos, porque estos están comiendo siempre perritos, golosinas y helados. Deja de ir al cine porque la gente siempre está comiendo mierdas a su alrededor, deja de ver la tele para evitar las tentaciones que le bombardean en cada intermedio, deja de comer con sus padres porque estos se atiborran de alimentos prohibidos. Agapito está solo la mayor parte del tiempo en su cuarto, pensando en todo lo que va a hacer cuando se quite los 33 kilos de encima, soñando con la ropa que se va a poner, las chicas del barrio a las que se va a ligar…

 

Al mes de estar a dieta, Agapito se acerca a la báscula de la farmacia de su vecindario. La noticia ya ha corrido por el barrio y, cuando los vecinos apoltronados en los bancos de la plaza lo ven entrar en la farmacia, un rumor corre veloz por entre las esquinas y los portales difundiendo tan esperado acontecimiento. Cuando Agapito nervioso, inserta la moneda de 20 céntimos en la báscula electrónica, son ya más de treinta y nueve caras las que abarrotan el cristal del escaparate.

 

Agapito cierra los ojos con todas sus fuerzas antes de meter la moneda y luego, poco a poco, la libera de sus dedos agarrotados. Entonces abre los ojos y ve ante si la cifra que refleja sus logros. Agapito ha conseguido bajar cincuenta en un solo mes.

Cincuenta gramos.

 

Sale encolerizado de la farmacia después de haber estado golpeando a la báscula y haberse despellejado los nudillos. Con las manos ensangrentadas aparta a la multitud que se arremolina en la puerta intentando entrar para recoger el ticket que Agapito ha dejado atrás.

 

Sube las escaleras con los ojos repletos de lágrimas, abre la puerta de la azotea de una patada y empieza a correr hacía la cornisa del edificio. Apoya un pie y coge impulso. Agapito termina cayendo a tres metros de su edificio, encima de su amigo Adolfo, aquel al que hace unas semanas le había roto dos dientes y al que ahora le estaba rompiendo el cráneo. Agapito muere en el acto, su amigo Adolfo también.

 

De pequeño, Agapito era sonámbulo. Los médicos lo achacaban al estrés. Tras un largo tratamiento sus paseos nocturnos desaparecieron. Pero con la dieta volvieron aparecer. Agapito se levanto durante el último mes de su vida todas las noches y se atiborro de todo lo que había en la nevera.

 

A Agapito lo mató la comida, su obsesión por la comida.

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Jul-10-2007

LA DEL RAMO

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Esto tengo que contarlo.

 

Pues resulta que estoy en una reunión en Santa Cruz de Tenerife, a unos 40 Km. de mi oficina, discutiendo con la agencia de publicidad los últimos trabajos que han realizado para la empresa.

 

Salgo de la reunión y me voy a tomar un cafecito. A esto que suena mi móvil y una mujer muy amable me dice que tienen un paquete para mí y que si me lo envían a la dirección de la empresa. Yo le digo que si pero que ahora no estoy ahí, que si lo puede firmar otra persona. Me dice que no, que esta a mi nombre y sólo me lo puede entregar a mi.

 

Cosa curiosa, un paquete para mí. Tiene que ser de alguno de los proveedores con los que trabajamos, que tiene la dirección de la empresa. Pues nada, llego a la oficina a eso de las tres y abro el correo de la empresa. Empiezan a entrar mensajes, 36 en total. Con las mismas salgo a fumarme un cigarro y a coger fuerza para leerme todas las tareas, broncas y responsabilidades que me quedan durante el día.

 

Vuelvo a entrar y me siento. A los quince minutos entra mi jefe, el dueño de la empresa que sólo viene a coger unos papeles para irse a una importante reunión. lo de importante no es un adjetivo para él, es una realidad que se repite en todo lo relacionado con la empresa. Creo que hasta el café lo pide así “tráeme un café importante”. Mi jefe tiene la capacidad ( es un gen que desarrollan los empresarios en edad temprana), de estar siempre en el peor momento posible para el empleado.

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Publicado en Reflexiones Mentoladas |