Archive for Octubre, 2007

Oct-31-2007

LA LAGUNA Y TÚ

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Tengo un amigo en Vietnam y otro en Cuba. Hace poco uno que se fue a México y se quedó, en breve una muy buena amiga se irá a una “aventura humanitaria” a Malí. Eso sin contar con los/las que cierran la maleta y se van con todo o casi nada para no volver.

 

Es una ciudad de tránsito, lo sé, con todo lo bueno y malo que ello conlleva. La gente viene, respira fuerte, vive intensamente y se va, y cuando esto sucede, tú te quedas con el corazón desfondado, el ánimo decaído y la amistad un poco tullida.

 

El problema es que esto me sucede una y otra vez y la Laguna, ya deja de ser “La Laguna” a secas y pasa a ser La Laguna y Yo. “¿Qué es lo que siempre me quedará al volver?, me dijo una amiga el otro día, “La Laguna y tú“.

 

La Laguna y yo, y yo y mis maletas, y mis maletas vacías, esperándo llenarse de una vez con todo lo necesario para no volver. La cifra marea, ocho años en La Laguna, yo venía de paso, más bien perdido, a estudiar algo que no me gustaba, conocer a gente que no imaginaba y pasar algunos años camuflado en la vida universitaria.

 

Ese era el plan y como todo plan no sucedió así, ni por asomo. Lo bueno de planificar las cosas es que sabes que no van a suceder de esa manera. Inutil empeño el nuestro, escribir nuestro destino con pautas, horarios, fechas y lugares. Luego viene la vida, tan caótica e impredecible y juega un rato con nosotros, trastocando nuestro futuro planificado. Gracias a “dios”, por cierto, sino esto sería demasiado aburrido.

 

Y la cosa es que a veces me levanto de la silla, suelo o sillón y pienso, esta vez si, me voy y dejo aquí mi corazón y mis recuerdos, guardaditos en esta caja de experiencias preciosas que es La Laguna. Pero luego, cuando he dado el primer paso y acaricio la maleta, la vida me da un empujón hacía atrás y me pone enfrente otro reto que me hace retroceder.

 

No hay pena en este texto, ni deudas vitales, ni sueños de mochilero frustrado. La vida, el futuro o ese destino del que tanto hablamos me seguirá dando las dosis que crea conveniente de todo lo que aún queda pendiente. Yo mientras tanto, aquí o allá, seguiré dando la bienvenida y despidiéndome de las personas, los días y todas las experiencias que me ofrezcan.

Publicado en Reflexiones Mentoladas, Lugares Adictivos |
Oct-30-2007

COINCIDENCIAS PARALELAS

MARIO

Aquel día no debió comenzar nunca. Llevaba un día de perros desde el principio. Lo que pudo ser un día más, se convirtió en algo indescriptible.

Para empezar, el despertador había sonado demasiado pronto para Mario. Un bostezo, el último remoloneo y una extraña melodía en su cabeza que acaba de paralizarle la respiración, sin apenas tener tiempo aún de despertar del todo. Era aquella canción que había dejado de escuchar hacia meses, aquella que llegó a odiar para poder olvidar con quien la compartió una vez.

Mario se preparó rápidamente y salió apresurado. Llegaba tarde, aquella maldita canción le había detenido demasiado. Y encima había traído consigo una imparable maraña de recuerdos que no quería pensar, ni pretendía volver a analizar. Cogió de la guantera su disco favorito, le dio al play del reproductor y puso al máximo el sonido de los altavoces. Cuando ya estaba a punto de tararear los primeros acordes jazzísticos del tema, otra vez un escalofrío le recorrió por completo. Mario no podía creérselo. Ese no fue el disco elegido y, evidentemente, no lo había hecho a propósito. Ese disco había sido el último regalo de la misma persona especial que le había despertado el olvido en aquella mañana. Emocionado y felizmente aceptado en su momento, juró que no volvería a escucharlo jamás e incluso, que haría lo posible por perderlo de vista. Pero allí estaba. Sin poder darle una explicación lógica a lo sucedido, sintonizó la radio y trató de sumergirse en las cansinas noticias matutinas, de camino al trabajo.

Horas y horas de trabajo entre las mismas cuatro paredes. Números, pedidos, recibos…eclipsados por recuerdos. Sólo quedaba una sencilla reunión de última hora. Unos clientes habituales. Sólo que a Mario, nada más entrar en la sala, le vuelve a dar esa extraña sensación de ahogo. Era un olor familiar. El olor del perfume del que una vez quedó impregnado y que reconocería a kilómetros. Solo que no bañaba el mismo cuerpo que Mario había deseado…

De camino a casa, Mario no dejó de pensar en las extrañas casualidades que le habían sucedido a lo largo de todo el día. Una serie de señales con una razón en común, que se alejaban cada vez más de su propia ideología. Un desconcierto absoluto sobre la propia realidad.

El teléfono. Una llamada lejana le saca de sus reflexiones. Un viejo amigo que ha llegado le visita a la ciudad, le recuerda la cena de esta noche. Hoy, no manda Mario. Ni conduce ni elige restaurante. Hoy, todos eligen por él.

La sorpresa fue máxima. Todo lo que estaba sucediendo era absurdo. Aquel lugar, representaba el daño más grande que había vivido. Allí entró, por última vez, junto a una ilusión y salió de la mano de la soledad. No podía soportar quedarse en aquel lugar un minuto más después del día que llevaba y, tras las pertinentes excusas, volvió a casa sin evitar seguir dándole vueltas al tema durante el trayecto.

Cuando estaba a punto de caer en las tiernas manos del sueño, ya por puro cansancio mental, suena el teléfono y sin saber por qué, la respiración se entrecorta, se acelera el pulso y le tiemblan las piernas a Mario.

“Hola, ¿Qué tal?”, suena al otro lado. No hacen falta más palabras para que Mario reconozca de quien provienen. Todo comenzaba a cobrar sentido. De alguna manera, el recuerdo le ha llevado hasta su voz.

Jamás le había costado contestar a tal, aparentemente, trivial pregunta.”Bien” o tal vez “Bien ¿y tú?”. Pero esta vez, no sabía por dónde empezar, en realidad, no sabía si empezar. De entrada, su escepticismo se había esfumado considerablemente en cuestión de horas por culpa de un ¿presentimiento? Mario no se creía lo que pasaba por su cabeza a la velocidad de la luz. No quería, no sabía, no podía explicarle. ¿Cómo explicarle el sentimiento, la señal de cercanía, aquellas coincidencias que habían desembocado en algo tan surrealista.

Cuando iba a dejar brotar de sus labios, por fin, la primera palabra, Mario colgó el teléfono para siempre.

( Escrito por Estibi VS , el 27/10/07)

LUCÍA

 

Lucía nunca había creído en el destino, pero esa mañana se forjaron sus primeras sospechas. Para ella, las cosas no estaban escritas en la vida de las personas, sino que las personas eran escritoras de sus propias vidas.

Después de apurar el café, Lucía salió disparada de casa, no sin antes coger dos o tres “cedes” para escuchar algo de música por el camino. Se sube al coche acelerada, haciendo cuatro cosas a la vez, ordenando los papeles de la reunión, mirándose en el espejo para ver si está bien pintada, colocando uno de los “cedes” en el reproductor y repasando mentalmente la presentación que tiene que salir (y hacerlo bien) en la reunión.

De repente se le congela el alma, un frío inmenso que llega a su corazón y la deja petrificada. Sin saberlo ha seguido pintándose los labios, las mejillas y el principio de la oreja. La primera canción es su canción, la canción de Mario, la de aquella noche que le conoció, la que escucharon la primera vez que se besaron, la que le regaló.

Un mal presagio para empezar un día tan importante. No le da importancia y sigue escuchandola, haciéndose creer a ella misma que nada debe afectarle de lo pasado, del pasado.

Le resulta inevitable recordar, con cada acorde, las caricias, las conversaciones, las discusiones, las noches de sexo bajo las sábanas, sus cartas. Demasiados recuerdos, e inexplicablemente, demasiado buenos. Cuando un sentimiento de melancolía empieza a hacerla presa de pensamientos encontrados le da al stop y pone la radio. Atentado, guerra, hambruna, lluvia para el fin de semana, pasarela de moda y escándalo nocturno de la estrella futbolera de moda. No hay nada como una dosis de amargay vacía realidad para alejarse del dulce pasado.

Llega a la oficina con el cuerpo convulso y el recuerdo revuelto, con la cabeza cegada por destellos de lo vivido y el corazón acelerado. No pone un pie en su despacho cuando el jefe le llama y le dice que la reunión va a ser en un restaurante, con un tono más desenfadado.

Lucía duda de si comerse las transparencias que preparo durante las últimas tres noches o llamar a su madre para que vaya hasta allí y la deje acurrucarse en su regazo.” Nada debe afectarte en un día como hoy”, piensa.

Se recompone como puede y se sube al coche de su jefe camino del restaurante. De repente un palpito le hace presagiar lo peor y comienza a recordar las últimas calles del que fue el camino más duro de su vida.

En efecto, el coche para enfrente de la puerta del restaurante, testigo mudo de aquella tormentosa conversación que termino con un “Mario , esto se acabo, no es por ti, ni por mi, es por los dos”.

Todavía resuenan esas palabras en su cabeza continuamente. Le tiemblan las piernas y no concibe peor escenario para jugarse el puesto, “el destino me está poniendo a prueba, no puedo dejar que nada me afecte”. Lucía sonríe mientras, sorprendida, piensa como puede achacar nada a ese destino en el que tan poco cree.

La reunión termina peor que como comenzó, a Lucía se le atragantan , entre recuerdos, las frases de su exposición y el cliente se entretiene mirando al tenedor.

Cuando Lucía llega a su casa, tira el bolso al suelo y se lanza al sofá, a llorar en el regazo de su cojín. Un llanto mudo por todo lo que ha perdido, todo lo que perdió y todo lo que pudo ser y ella no permitió.

Con las manos temblorosas coge el teléfono y marca su número, el de Mario, sin saber bien que decir, como justificar esa llamada, si le cogerá el teléfono o peor aún, si escuchará una voz femenina al otro lado. Cuando esta a punto de colgar, escucha como del otro lado se le abre una oportunidad. Nadie dice nada.

“Hola, que tal?” suelta sin pensar. Se mantiene en silencio esperando una contestación, cualquier cosa, un “bien”, un “y tú?” o un “cómo coño te atreves?”.

Cuando cree oír lo que empieza a ser una voz, el teléfono se corta y un molesto pitido entrecortado zumba en su oído durante cinco minutos. Mientras cuelga el teléfono, se da cuenta de que ha perdido a Mario, para siempre.

(Escrito por Pejooe, el 27/10/07)

Publicado en Humo Compartido |
Oct-27-2007

MOMENTOS INTENSOS (del todo)

Subo las escaleras y me tiemblan las piernas. Agradezco al arquitecto que pusiera la barandilla y dejo caer todo mi peso en ella.

 

Me siento en la incómoda silla de la consulta mientras ella va de un lado para otro. Está bastante atareada. Me han dicho que es una bruja, se deleita en la entrega de resultados. Una a una y con parsimonia clerical, va mencionando las enfermedades como si de pecados se tratara y luego hace una larga pausa para dar el resultado:

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Publicado en Momentos Intensos |
Oct-25-2007

AQUELLOS DÍAS

Llevo seis horas en el trabajo. Me he levantado dos veces del escritorio para fumarme un cigarro y meterme algo en el estómago. Probablemente me queden otras cuatro horas, quizás alguna más. No gano más que casi nadie y trabajo a destajo, a veces tengo la sensación de vivir aquí dentro y, a veces, no estoy del todo equivocado.

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Publicado en Recuerdos |
Oct-23-2007

CINCO MINUTOS

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Cinco minutos antes de levantarse de la cama ya estaba despierto, esperando a que la alarma le anunciara con remordimiento pero obligación, que no había vuelta atrás.

 

Cinco minutos antes de que saliera el sol, él ya estaba despierto, con el corazón acelerado y los pensamientos y recuerdos vapuleándole cada espacio de su cerebro, como queriendo ser los últimos en ser pensados .¡Que grata distinción!

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Publicado en Vidas Paralelas |
Oct-19-2007

MI RELIGIÓN

Sustituye,

Dios por amor,
hermano por amigo,
peces por favores,
pecado por desliz,
fe por convicción,
evangelio por ética,
tradición por innovación,
resurrección por segunda oportunidad,
confesión por sinceridad,
penitencia por desenfreno,
limosna por donación,
cielo por tierra,
piedad por perdón,
iglesia por comunidad,
angel por humano,
apóstoles por colegas,
corpus cristi por sexo divino,
arrepentimiento por contradicción…….

y obtendrás mi religión.

Publicado en Reflexiones Mentoladas |
Oct-17-2007

MOMENTOS INTENSOS (Lo de Siempre)

Entro.

Voy hacía el revistero sin mirar nada ni a nadie.Cojo el periódico.
Me siento en la mesa de siempre, me quito los cascos y saco mechero, tabaco y móvil de mis bolsillos.

Miro de reojo, buscando su atención. De repente mira, pero sigue a lo suyo. Termina de servir la mesa trece y se acerca. Vigilo todos sus movimientos, aunque parezca inmerso en una noticia del periódico.

He leído las tres mismas palabras durante los cuatro últimos minutos.

Esta vez si. Viene. Trago saliva, intento acomodarme, me aclaro la garganta, preparo mi sonrisa, visualizo la situación, controlo mis impulsos y la aceleración de mi corazón.

 

- ¿Qué vas a tomar?

 

- Lo de siempre.

Publicado en Momentos Intensos |
Oct-14-2007

LA FAMILIA MENOS UNO

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En primer lugar, yo. Como no, llamando la atención, siempre con algo entre manos y con esa cara de foto que no consigo quitarme.

En segundo lugar, mi hermano mediano. como no, haciendo el payaso en una foto. Atacado por la perra de mi otro hermano.

Mi otro hermano es el que está en tercer lugar, como no mirando tranquilo nuestras perfomances absurdas. El hombre tranquilo, aunque la procesión va por dentro. Bueno y ultimamente, por fuera .

En cuarto lugar, mi madre, tapándose la cara en una foto, cosa rara. suele ser la de las sonrisas de oreja a oreja y las poses bien pensadas. La “mamma”, inigualable. Una auténtica domadora de fieras.

En quinto lugar, sin aparecer pero estándo siempre, mi padre. El que se queda y nunca viene por “sus” razones que nadie comprende. Está vez le pillaremos y le traeremos aunque haya que arrastrarle por los huevos. Queda avisado.

Pues eso, la familia menos uno.
Hasta que nos volvamos a “casijuntar”, mil besos para todos.

 

Publicado en Compañeros de cajetilla |
Oct-11-2007

LA HORA

- Disculpe, tiene hora?

- Depende…

- Depende de..?

- De para que la quiera.

- Sólo quiero saber la hora.

- No entiendo en que puede ayudarle eso.

- ehm, ¿está usted bromeando?.

- Nunca bromeo con el tiempo.

- Da igual, la quiero para saberla ¿de acuerdo?, para no llegar tarde.

- llegar tarde a dónde?

- le interesa?

- a mí no, al que le interesa es a usted.

- viejo loco, en fin. Llegar tarde a mi casa.

- Le espera alguien?

- no

- Sigo sin entender.

- El qué?

- su prisa.

- no la entendería aunque se la explicara.

- Sino puede explicarla es que usted mismo no la entiende.

- Es que………………

- ¿Hay algo o alguien que le espera?¿O le persigue?

- más o menos…

- entiendo

- Entiende?

- Todos tenemos sombras amigo.

- sombras?

- Si, y cuanta más claridad nos rodea, más se acentuán. Ha de aprender a convivir con ellas, no las tema, no se avergüence de ellas, todo el mundo las tiene. No busqué la oscuridad para esconderlas, sólo hará que sean más fuertes. Yo me pase gran parte de mi vida pegado a las paredes, escondiéndome de ellas, evitándo que los demás las vieran, sobre todo aquellos que desprendían tanta luz hacía mí. Yo no me merecía ese regalo.

- y qué hizo para superar el miedo?

- convivir con ellas.

- y lo consiguió?

- Sigo intentándolo.

- Entiendo…

- entiende?

- si. Entiendo que lo suyo no es de nacimiento.

- Un chico listo. Toma, te regalo un boleto.

- Se lo hizo usted?

- Supuse que así no me quedaría más remedio que afrontar mis miedos.

- Se refiere a sus sombras, supongo.

- Exacto.

- Hay que tener valor para hacerlo.

- No crea, también es muy cobarde. Hace tiempo que no veo nada de luz. Y con la oscuridad total uno se acostumbra a no buscar sus sombras, simplemente se instala en ellas y las vive continuamente.

- Deme un boleto, tentaré a la suerte.

- Tome, se va a casa?

- No………………… creo que voy a dar una vuelta por la ciudad, por las calles más soleadas, las que están llenas de gente, de recuerdos, de problemas inesperados.Hoy voy a optar por la luz.

- Me parece bien, suerte con tus luces.

- Suerte a usted con sus sombras. Por cierto, son las 4.

Publicado en Diálogos Alquitranados |
Oct-9-2007

LAS AVENTURAS Y DESVENTURAS DE SUPER YO: Los comienzos

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Era un chico normal. Era tan normal que pasaba desapercibido. Pasaba tan desapercibido que un día su madre se lo encontró en el pasillo de su casa y llamó a gritos a su marido para que la protegiera del ladrón. El padre corrió en su auxilio y hostió a su propio hijo hasta que este, aterrorizado y dolorido por la somanta, consiguió sacar su DNI del bolsillo.

 

Luego recibió tres hostias más por asustar a su madre.

 

Aún así no guardaba rencor a sus padres, no guardaba rencor a su familia en general. El día de su graduación su madre le dijo a su hermano que se pusiera en la foto por que quedaba sosa. Llego a normalizar las situaciones de “invisibilidad familiar”, así lo llamaba él. Era como un super poder.

 

Su adolescencia pasó como su niñez, sin novedad. Un día nuestro héroe en período de gestación salió a la calle a dar un paseo, uno de tantos que daba mirándose a los zapatos, como si estos le fueran a indicar un nuevo camino lleno de sorpresas, riesgos y aventuras excitantes. Y así fue. Un despiste y el pie derecho que se lanza hacía delante con velocidad ayudado por una mierda de tamaño considerable. Perdido el equilibrio no le quedó otra cosa que rodar por la cuesta para dar con sus huesos en la puerta de un garaje.

 

Pertenecía a una casa que llevaba cerrada a cal y canto hacía años, más de los que tenía él mismo. La suerte quiso que la puerta cediera y que por ella se pudiera deslizar sin problemas nuestro joven y heroico amigo. La luz que entraba por la rendija de la abollada puerta permitía, después de acomodar la vista, que pudiera verse todo lo que contenía el garaje.

 

A saber, una mecedora desvencijada, herramientas de todos los tipos y tamaños, una bicicleta sin ruedas ni sillin, un boomerang, un balon de rugby, un espejo de pie con marco ornamentado y una maleta de la que salía una tela de color rojo, una especie de pareo.

 

De todo lo que había en ese garaje la tela fue lo que más atrajo su atención. Abrió cuidadosamente la maleta, temeroso de que algún ser vivo repelente saliera airado y a la defensiva tras abrirse la cremallera.

 

Ahí estaba. Era una capa de color rojo. y a su lado, tapada parcialmente por una rebeca gris, una malla de color azul algo desgastada. Era un traje de superhéroe. Su traje de superhéroe.

 

Con la convicción de los que saben que se han encontrado con su destino, se desvistió rapidamente y se puso, primero la malla azul y luego la capa roja. La malla tenía un siete en la nalga derecha, un contratiempo para cualquier héroe que exige de su supertraje que esté impoluto. Rebusco en la maleta y encontró una camisa de color amarillo chillón. La mordisqueó con los dientes y desgarro un trozo de tela que adherió a la malla con tres superimperdibles que había en la maleta.

 

Un último vistazo en el espejo ornamentado, una sonrisa amplia de satisfacción y un grito de auxilio. Primero ahogado y lejano, luego un poco más nítido. Había llegado la hora de actuar, de ayudar, de proteger. Había llegado la hora de “Superyo”

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