Archive for Enero, 2008

Ene-30-2008

EL EQUILIBRISTA VITAL

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Todavía no acabo de acostumbrarme a serlo, pero lo soy. Como todos. Cuando nací, ya tuve que hacer mis primeras cabriolas para no caer el suelo desde las torpes manos del médico, que intentaba azotarme en vano. Me revolví como pude y con media voltereta invertida y ayudado por mi cordón umbilical, caí gracilmente y en una posición perfecta, en los brazos de la enfermera. Esta, algo perpleja por lo sucedido, como todos los allí presentes, se dispuso a cortarme el cordón.

Me quitaban un apéndice acrobático, pero pronto me acostumbraría a ayudarme de los que me quedaban, brazos, y piernas y de otros que me encontraría por el camino para seguir haciendo equilibrios, piruetas y mil cabriolas vitales.

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Publicado en Reflexiones Mentoladas |
Ene-28-2008

LECCIÓN MAGISTRAL

Es mejor hacerlo de noche, la luz podría delatarte. Pantalón negro, camisa de manga larga negra, calcetines negros, guantes negros y zapatos negros. La indumentaria más apropiada.

No olvides un pasamontañas. Después de repasar el plan varias veces cerciorándote de los tiempos y acciones, asegúrate de llevar todo el material necesario: ganzúa, navaja, cloroformo, disolvente, matrícula de sustitución, alambre de corte, mini sierra, pala y bolsas de basura.

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Publicado en Vidas Paralelas |
Ene-25-2008

LAS COSAS MÁS PEQUEÑAS

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Y cayó una lágrima cuando recordé que ella siempre, antes de cerrar los ojos, enroscaba la cabeza bajo mi brazo, apoyaba su oreja sobre mi pecho y decía:

“sólo puedo dormir cuando escucho el latido de mi corazón”

Publicado en A Pulmón Abierto |
Ene-23-2008

EL CAPITÁN SIN BARCO

Érase una vez un capitán que lo fue todo, que fue rey y señor del mar, que conquistó las aguas más lejanas, que logró que su nombre retumbara hasta en el más lejano confín.

El capitán, ahora hundido y arruinado, bebía cada noche hasta perder el equilibrio y, en su máximo estado de ebriedad, recordaba a voz en grito todas las peripecias y aventuras que hicieron de él el más digno emperador de los mares.

Era un capitán sin barco, un juguete roto del mar, un despojo que este escupió un buen día en la orilla, después de enfrentarle a la tormenta más rabiosa que cielo y mar juntos pudieron crear. El capitán se levantaba cada día aturdido por la resaca, sin nada que echarse a la boca. Con la cabeza baja y el aliento pestilente, se acercaba a los mercados y tabernas de la ciudad, pidiendo limosna, comida o la convidación a un trago a cambio de sus aventuras y su excentricidad.

En el puerto todos le conocían, “por allí va el capitán sin barco” se decían, y luego reían fuerte y con sorna para que les escuchara el capitán. Éste ya vivía feliz en su tristeza, se había acomodado en la derrota, pretendiendo sólo recibir algunas piezas de metal para cambiar por una buena pinta de cerveza o un mendrugo de pan.

Hacía años que no intentaba volverse a levantar, le habían ofrecido barcos e incluso tripulaciones enteras pretendieron tenerle al mando de sus navíos, pero el capitán no volvió a reaccionar y se mantuvo perdido en el recuerdo de su grandeza, bebiendo y bebiendo y maldiciendo al mar por no darle otra oportunidad.

Un buen día llegó un marinero al puerto, con la sonrisa como emblema, buscando deseoso un gran velero, un reconocido capitán que lo aceptara en su navío y lo llevara a surcar el mar y a encontrar tesoros y aventuras en tierras aún por conquistar.

¿Un reconocido capitán?“, le contestaron al preguntar, “si, claro, busca al final del muelle y encontrarás al mejor, al capitán sin barco” y riendo entre dientes se perdieron por la calle dejando al marinero pensativo, “un capitán sin barco, ¿qué significará?“.

Resuelto a averiguarlo, el marinero se dirigió al final del muelle y encontró, tirado en el suelo entre redes de pescadores, jarras de cerveza vacías y en un estado deplorable, al derrotado capitán.

Sin perder el ánimo ante tan desmoralizadora visión, el marinero sentó al capitán, lo adecentó un poco, le echó agua en la cara y recogió los enseres desperdigados a su alrededor.

Luego de reanimarlo con un poco de agua y una hogaza de pan, el marinero le pidió que le contara que había sido de su barco y de su tripulación. El capitán comenzó su exposición. El marinero al escucharlo, lejos de dejarse derrotar por la desilusión, le pidió que por favor le contara todo lo que en su pasado sucedió.

Del mar más pequeño al océano mas inmenso, de la batalla más sangrienta a la escaramuza más brillante, de su primera incursión en tierras lejanas y desconocidas, a su consagración como mejor capitán de la flota en su puerto natal. El capitán habló y habló, relató sus más célebres victorias y conquistas y luego, cambiando el semblante en tan sólo una oración, comenzó con el relato de su declive vital.

A todas estas, el marinero había empezado a construir lo que parecía una base de madera, luego un bote, luego una balsa, luego una pequeña embarcación. Pasaron las horas y con ellas, volaron los días. El marinero y el capitán solo paraban de trabajar y hablar, para comer y echar alguna cabezada. Luego, uno escuchaba atento y trabajaba incansable mientras el otro se purgaba por dentro, recitando sus proezas y fracasos, ya sin alcohol en las venas, tras dos semanas sin probar una gota, emocionado por ser por primera vez verdaderamente escuchado.

Seis semanas pasaron hasta que por fin un día, de manera sincronizada, el marinero dejó de trabajar y el capitán de hablar. Uno miro al otro y le dijo:

- Tenemos el mejor barco que unas buenas manos podían construir y al mejor capitán recuperado y listo para zarpar. ¡Vayamos a por el tesoro más grande que jamás se haya buscado!

- No hace falta, ya lo hemos conseguido mediante las palabras de uno y las manos de otro. Ahora sólo nos queda navegar y empezar a disfrutar.

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(Si, lo sé, es un poco largo, pero este relato nace de mi necesidad de dedicar un escrito a alguien que no está pasando por un buen momento, una de mis muletas que últimamente no termina de apoyarse en el suelo con claridad. Te toca apoyarte en mí y usarme de muleta hasta que vuelvas a recuperar fuerzas. Te quiero hermanito)

MORALEJA: Comparte tus problemas con aquellos que quieren escucharte, harán todo lo que esté en sus manos para ayudarte.

Publicado en Vidas Ajenas |
Ene-21-2008

AQUELLAS NOCHES

 

Todavía las recuerdo, todavía te recuerdo.

Son las tres de la mañana y exhausta, duermes apoyada en mi brazo, desnuda y con la ventana abierta, la luz de la noche me regala tus curvas sólo perturbadas por tu respiración acompasada.

En el salón, de fondo, escucho una canción sin letra que me transporta a futuros imaginarios compartidos contigo, alejados del presente turbio que nos separa nada más poner un pie fuera de esta morada.

Te revuelves sobre mi brazo y, aún somnolienta, abres mínimamene los ojos, me sonríes y suspiras. Me muestras tu confianza, me regalas tus labios y tras un beso, vuelves a ser engullida por el sueño y el cansancio.

Nunca olvidaré aquellos días sin prisas, aquellas noches sin horas en las que el tiempo lo marcaban nuestros cuerpos que, despertando de vez en cuando, volvían a fundirse entre tinieblas, caricias, mordiscos y promesas susurradas al oído.

Hoy recuerdo todo aquello y me reafirmo en que nada es eterno. Y entonces me alegro de haber exprimido cada segundo de aquellas noches y me regocijo en lo agradable de tu recuerdo…

… en ese delicioso regusto de tu cuerpo en el paladar de mi memoria.

Publicado en Recuerdos |
Ene-18-2008

AMOR ENTRE LÍNEAS

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Resulta que Enrique se enamoró de una letra, luego de una coma y después, de todo un párrafo.

Era una noche cerrada, cubierta la calle por litros de agua que caían del cielo, sin un solo valiente que la caminara. Y él, parapetado tras el cristal de su habitación, recordaba con melancolía el amor que nunca tuvo y siempre imaginó.

Resulta que se dirigió a su ordenador y abrió una ventana y en ella encontró un mundo virtual inmenso sin una sola gota de agua, lleno de letras sin sentido, noticias maquilladas con esmero y miles de personas gritando sus pensamientos a golpe de tecla.

Entre tanta tormenta de letras y sólo con el ratón para defenderse del aluvión, Enrique saltó de un peligro a otro sin respiro, buscando un lugar tranquilo en el cual descansar su vista, acomodados sus miedos en letras que formaran un inmenso colchón de dulces frases y profundos significados.

De repente Enrique cayó en suerte y comenzó a leer. Desde la primera letra su corazón se volcó en el texto, con cada coma un golpe de electricidad erizaba su columna vertebral, con cada punto una inyección de aire llenaba sus pulmones y le impedía respirar, con cada párrafo una lagrima caía resuelta hacia el suelo en señal de felicidad.

Enrique se había enamorado.

Imprimió el texto, apagó el ordenador y se recostó entre las almohadas de su cama. Por fin había encontrado el amor que siempre imaginó. Enrique jamás había salido de casa, de esa habitación.

Una extraña enfermedad lo retendría en las paredes de su cuarto y lo castigaría sin contacto humano el resto de su vida. Su realidad diaria era distinta, con la única conexión al exterior de una línea telefónica y un rudimentario sistema informático que sólo le permitía reproducir las letras. El tiempo lo marcaba la velocidad de su conexión, sus amigos eran conjuntos de frases que tomaban forma en su imaginario, sus ligues no iban más allá de cinco banales conversaciones en una impersonal sala de Chat.

Enrique no se enamoraba de las apariencias, se enamoraba de las ideas. Cuando encontraba una y le seducía, la imprimía y la llevaba consigo todo el día, bien cerca de su corazón, resguardada en el bolsillo de su camisa. La leía y releía hasta que quedaba su memoria impregnada de aquella idea.

Durante un tiempo no volvía a encender el ordenador, sólo pensaba en su amor, lo adoraba y lo mimaba, lo versaba y lo leía en voz alta, lo cantaba, lo modificaba y luego lo pensaba de nuevo.

Solía pasar que terminaba cansado de la idea, con el tiempo perdía el interés, la rebatía, vislumbraba defectos, errores antes no apreciados por su entusiasmo. Finalmente, desolado, triste y otra vez solo, Enrique rompía el papel que durante un tiempo la había acompañado y volvía a encender su ordenador en busca del amor. Otra vez, otro error de apreciación. Aquel tampoco era su verdadero amor.

Publicado en Vidas Ajenas |
Ene-15-2008

REDUCIR

Alfonso G.R. llevaba una vida llena de excesos y lujos que últimamente empezaban a pasarle factura física, laboral y personalmente. Un tanto preocupado, Alfonso decidió comenzar una nueva vida cambiando algunos hábitos no muy saludables que estaban incrustados en su rutina. Así fue como comenzó el cambio.

Alfonso se documentó ampliamente. Tras dos semanas, se dio cuenta que todo se limitaba a una sola acción en muchos campos: reducir.

Lo primero que hizo fue reducir el tabaco, con lo cuál podría comenzar a hacer ejercicio sin ahogarse en la primera zancada y además ahorrar un poco de dinero.

El ejercicio no servía de nada sino llevaba una buena alimentación, por lo tanto Alfonso no titubeo a la hora de reducir sus ingestas de azúcar, sal, refrescos varios, hidratos de carbono y bollería industrial. Reduciendo todo esto también reduciría su índice de grasa y sus posibilidades de sufrir un infarto.

Luego decidió que debía reducir su ingesta de alcohol, para ello redujo drásticamente sus salidas nocturnas que es donde se concentraba el consumo, y por lo tanto se vio obligado a reducir las reuniones gastronómicas con sus amigos, donde fumaba, bebía y comía copiosamente. Estas reducciones también le ayudarían a centrarse un poco más en su vida laboral y sentimental, buscando una pareja estable que redujera sus ansías sexuales, su ansiedad que derivaba en comer sin parar y su riesgo de contraer enfermedades venéreas.

En un mes vio una mejora profunda en su estado de ánimo que derivó en un nivel de vida mucho más alto. Contento y feliz, Alfonso decidió que seguiría reduciendo para conseguir el estado de felicidad plena.

Alfonso se obsesionó. Su nueva novia fue la primera en darse cuenta. Redujo las citas con ella para reducir una posible dependencia sentimental, redujo los actos sexuales al mínimo y también redujo su intensidad, temeroso de poder sufrir algún tipo de dolencia cardiaca por el esfuerzo. Por último, redujo las llamadas de teléfono y los mensajes y cambio de ruta hasta el trabajo para reducir las posibilidades de encontrarse con ella.

Feliz por sus progresos, Alfonso comenzó a reducir su alimentación a lo más básico, limitándose a beber agua y tomar rebuscados complejos vitamínicos comprados en Internet. Cuando se percato del riesgo de fraude, dejó de comprar en Internet para reducir el riesgo de estafas e incluso retiró todo el dinero de su banco para reducir posibles pérdidas por quiebra.

Alfonso decidió dejar su trabajo para reducir el estrés y el riesgo de accidente de camino a la oficina. También redujo sus salidas a la calle para evitar accidentes y encontrarse con sus amigos. Cortó la luz en su casa para reducir el gasto y no usaba velas para reducir el peligro de incendio, redujo sus duchas diarias a duchas mensuales, sus salidas a comprar agua y sales y a tirar la basura, sus movimientos, su respiración….. Alfonso se redujo.

Alfonso llevaba una vida de carencias y prohibiciones que últimamente empezaban a pasarle factura física, laboral y personalmente. Un tanto preocupado, decidió comenzar una nueva vida cambiando algunos hábitos no muy saludables que estaban incrustados en su rutina.

El último día de su vida, antes de decidir reducir el latido de su corazón, a oscuras en un salón abarrotado de botellas de agua y botes de vitaminas, Alfonso se dijo “esto es lo último que reduzco, después de estar aquí sentado durante cuatro días sin poder moverme he llegado a la conclusión de que para cambiar todo se reduce a una acción en muchos campos: aumentar.

Y Alfonso, sonriente tras encontrar la solución, alienado y algo demente por la falta de alimentación, redujo el latido de su corazón. Y se apagó.

Publicado en Vidas Ajenas |
Ene-14-2008

LA ÚLTIMA LLAMADA

- Bueno, ¿qué tal?

- Eso da igual.

- A mi no me da.

- Mejor dejemos de hablar de dar y recibir. El pájaro ha muerto.

- Tira la jaula con él dentro.

- Ya veo que te ha dado por deshacerte de todo.

- No se me ocurre otra cosa mejor, estoy nerviosa.

- Todavía hay una maleta en el pasillo.

- Lo sé, mañana paso a recogerla. ¿Estás bien?

- Me has dejado de un día para otro, con una casa llena de recuerdos y una jaula que es un ataúd con un pájaro que ya no pía.

- Que despiadado.

- Si te refieres al pájaro es un comentario cómicamente brillante pero…

- …humanamente deleznable, lo sé. Me refería a tu comentario para hacer pesar mi decisión.

- No era mi intención, disculpa, fue la inercia compasiva, que últimamente me juega malas pasadas. No es que el paisaje sea de mi agrado, todo sería más fácil si cogiera las maletas y dejara de estar aquí.

- Te di a elegir.

- No niña, la elección fue tuya, yo sólo me limité a decidir entre las pocas opciones que quedaron, las pocas opciones que dejaste.

- ¿Y qué querías?

- Que me siguieras queriendo.

- Créeme, a mi también me hubiera gustado.

- Ya, pero en temas de corazón no manda la razón.

- Odio las frases hechas.

- Y yo tener estas conversaciones contigo.

- Es lo normal, por lo menos durante algún tiempo, hasta que todo…

- Descuida, pasará un tiempo sin que las tengamos. Voy a colgar, creo haber oído al pájaro piar.

- Me encanta tu humor…… ya ni te preocupas en tener una buena excusa para colgarme el teléfono.

- Ya no tengo porqué hacerlo, recuerda venir a por tu maleta. Recuerda dejar las llaves en el mueble de la entrada. Recuerda no volver a llamarme por teléfono.

- Te quise.

- Yo también. Un beso, voy a refugiarme en el pasado.

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Publicado en A Pulmón Abierto, Diálogos Alquitranados |
Ene-10-2008

PASAS POR LA CASILLA DE SALIDA…

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Harto de “vivir en” y “escribir sobre” vidas que no son la mía y a riesgo de moverme entre tópicos y manidas frases descriptivas, voy a dejar de lado mis paralelismos vitales para hablar de lo que, después de un largo e impecable período de noviazgo, me he encontrado al volver al juego.

Resulta que crecí con la que fue mi novia (evitemos la etiqueta “ex”), típica historia de amor que se remolca a lejanos días de pupitre y acné, sobreviviendo en un instituto de mala muerte donde la rebeldía se demostraba sosteniendo un cigarro entre los dedos.

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Publicado en Reflexiones Mentoladas, A Pulmón Abierto |
Ene-9-2008

EL EFECTO MARIPOSA

Un gobernador corrupto amaña unas elecciones desde su amplio despacho, en la capital de un país empobrecido por la avaricia y provoca que, a 80 kilómetros, un niño hambriento vea como su madre es salvajemente violada por cinco hombres de la etnia rival y como, a continuación, estos desmiembran a su padre asestándole cuarenta y tres hachazos y cebándose con su cuerpo inerte en el suelo. Y se ríen.

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Un millonario británico, hastiado por la abundancia, teclea treinta dígitos desde su flamante ordenador mientras degusta el combinado que su criada le ha servido en una bandeja de plata y provoca que, a 2.346 kilómetros, los hijos de su criada, la familia de su criada y todos los integrantes del poblado donde nació su criada, asistan emocionados a la construcción de un colegio, un hospital y un pozo de agua potable. Y se ríen.

 

(Estúpido animal el hombre, que con sus acciones puede transformarse en capullo o mariposa. Algunos no deberían poder desplegar nunca sus alas, cayendo desde lo más alto para morir aplastados contra el suelo. Otros no dejan de mover sus alas y jamás conseguirán levantar un palmo del suelo, siendo aplastados por la decisión de un capullo que se basta de una sola palabra para exterminar a miles de ellos).

 

Publicado en Reflexiones Mentoladas |