Archive for Mayo, 2008

May-27-2008

CRUCE DE LÍNEAS

- ¿Qué tal?
- Joder tía, jajajaja, me pillaste en medio de la entrevista, vaya palo, empezó a sonar y vibrar como un condenado y…
- ¿Jose?, ¿oye?
- No, soy María, y por tu voz sospecho que tú no eres Elena.
- A ver, a ver, estaba llamando a mi hermano y…
- jajajaja, vaya parece que se han cruzado las líneas.
- Es la primera vez que me pasa.
- Dicen que las primeras veces son las mejores.
- Muy bueno, pues nada, no sé María, ya que estamos… ¿qué tal fue la entrevista?
- ¿Te importa?
- Es solo curiosidad, aunque sino quieres…
- Pues parece ser que el muy cretino del gerente piensa que, aunque me haya entrevistado y haya visto en mí las cualidades necesarias para el puesto, el perfil comercial de su empresa es puramente masculino, es decir, que una mujer no sabría vender tan bien como un hombre los productos de su empresa, ¿te lo puedes creer?
- Si, me suena esa historia, seguro que es una empresa de construcción o montaje o productos muy técnicos, ¿verdad?
- ¿Cómo lo sabes?
- Ya te lo dije, me suena esa historia.
- ¿Y qué tendrá que ver eso con que yo sea mejor o peor vendiendo que un tío?
- El otro día estaba en un avión a punto de despegar y la azafata comunicó que había que esperar un poco para entrar en pista. De repente media docena de coches de la guardia civil rodearon el avión, el pasaje se puso nervioso, la azafata comunicó que había que verificar la identidad de un pasajero y todo el pasaje fijo la mirada en un joven de unos treinta años de rasgos árabes que escuchaba música tranquilamente con su Ipod.
- ¿Y eso qué tiene que ver con lo que he dicho?
- La gente prejuzga y casi siempre sentencia, sin segundas oportunidades. Al final, la guardia civil se llevó esposado a un hombre de mediana edad, raza blanca, vestido de ejecutivo y con una planta impecable, que estaba sentado justo al lado de aquel chaval.
- Entiendo, eres uno de esos tíos que para explicar cualquier cosa usa una anécdota en primera persona que seguramente ni siquiera ha vivido, ¿verdad?
- Y tú eres una de esas tías escépticas e irónicas que siempre esta a la defensiva, ¿verdad?
- Soy comercial, de nacimiento, regateé hasta el cordón umbilical.
- No lo dudo, a ver si eres tan buena. Véndeme una cita contigo y si consigues convencerme, te invito a cenar esta noche en el local más caro de la ciudad, tú pones las condiciones.
- ¿Bromeas?
- Podría contarte una anécdota que te aclarara que yo nunca bromeo cuando apuesto.
- Vale, vale, no empieces y déjame pensar un momento en como venderte la cita más cara de tu vida.
- A ver…
- Ya lo tengo. No soy la más guapa, ni la más simpática, ni la más inteligente, ni la más cariñosa, ni siquiera la más ardiente.
- Juraría que dije convencer, no ahuyentar.
- Pero lo que si sé es que la suma de todo lo que soy es superior al mejor total que hayas tenido en tu vida.
- Si que eres buena comercial, espero que la suma de esta noche no supere el total de mi tarjeta de crédito.
- En el Tantra, a las nueve, en el centro.
- Suena bien.
- Una última condición, ve acompañado, le prometí a Elena, aquella a la que le robaste esta conversación, que esta noche saldríamos a olvidar y bebernos todos nuestros problemas.
- De acuerdo, si hubieras sido tan convincente con aquel gerente, el trabajo sería tuyo.
- Bueno, yo he ganado una cena en el mejor local de la ciudad y ese capullo, el tatuaje de mis llaves en el lateral de su coche. Al final creo que salí ganando yo.
- Recuérdame que no te enseñe mi coche, Maria.
- Por cierto, aún no sé tu nombre.
- Perfecto, ya tenemos algo de que hablar.

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- ¿Entonces qué tío, vienes o no vienes a cenar?
- ¿Una cita a ciegas, a dúo, con mi hermano y en el local más caro de la ciudad? Eres tonto hermano, tonto del culo.
- Venga que pago yo, lo pasaremos bien, arriesga un poco por una vez, puede ser divertido.
- ¿Arriesga un poco? Ya he arriesgado demasiado hoy, la última entrevista que hice para buscar un jefe de ventas terminó con la carrocería de mi coche rallada de arriba a abajo.
- Me suena esa historia, ¿era una mujer y le dijiste que no se adaptaba al perfil comercial?
- ¿Cómo lo sabes?
- Ya te lo dije, me suena esa historia. Definitivamente tienes que venir.

Publicado en Diálogos Alquitranados |
May-23-2008

LA EMPATÍA VS LA HUMANIDAD

Estoy harto, por no decir hasta la polla, que suena feo y sería comenzar el discurso en unos niveles de ordinariez que no quiero que se superen hasta mínimo, el quinto párrafo.Atención a los hipersensibles, los políticamente idiotizados, los inconformistas y los debatistas blogueros que busquen aquí un atisbo de algo, de discusión, de intención de convencimiento por mi parte o de demagogia pura o búsqueda de debate, no es nada de eso y supongo que, en el fondo, es un poco de todo.

El otro día me encontré en una encrucijada informativa, mientras Gabilondo escondía el “Hate PP” que lleva tatuado en los nudillos y presentaba un mega especial sobre el agua y sus trasvases poniendo de vuelta y media a los políticos de Barcelona y Murcia y apoyando los “deslizamientos mínimos” de agua del gobierno, uno de sus reporteros humillaba a dos agricultores aragoneses que tenían que posar manteniendo una banderita contra el trasvase explicando la gran putada que se les estaba haciendo. Evidentemente, su discurso quedaba anulado por lo vergonzoso de la puesta en escena. Mientras, por otro lado, los informativos de Tele 5, en su línea catastrofista, despachaban una a una, todas las penas y miserias del mundo con el mayor de los sensacionalismos (¿de verdad que no es posible dar una, solo una buena noticia al día?) y el bueno de Matías se perdía entre frases hechas de dudoso ingenio y mini reportajes de pasarelas. De la sexta ya ni hablo, deberían de darles un premio al desinformativo más desdibujado de la historia (con permiso de Sanchez Dragó y los Aguirreporteros de Tele Madrid).

Aún así, entre noticia y manipulación uno, intentando sacar algo de información objetiva, se da cuenta de que la cosa no es que esté mal, es que va de puto culo. Y de esto uno se da cuenta mientras apura su segunda cerveza, recostado en su sofá de muelle roto y tomándose una pipas.

En esas estaba, viendo como un pueblo se muere de hambre por orden dictatorial mientras las Naciones Unidas se echan a cara o cruz si intervenir o dejar morir, el “noentiendocomonoestaoscarizado” Berlusconi amenaza con echar a un millón de inmigrantes con un certero derechazo decretista, el precio del petróleo se dispara tanto o más que el de los alimentos básicos para la humanidad para beneficio de unos pocos (¿sabías que el bio combustible sólo es rentable si el petróleo y los cereales están por las nubes?¿y qué la guerra se ha convertido en el negocio más lucrativo del mundo?), otros tantos, la gran mayoría del mundo, la que a duras penas sobrevive, se prepara para una hambruna sin precedentes mientras un austriaco lanza un escalofriante comunicado en el que dice sentirse molesto por lo que se dice de él, que no es tan malo, que por lo menos los dejo vivir, a oscuras, en 8 metros cuadrados, violada su hija para alejarla de las drogas y psicológicamente torturados sus hijos , mientras, en España la inmigración se trata como un problema (”el problema de la inmigración” ya van juntas, es como marco incomparable o viejas pesetas pero con más mala ostia), y en China la naturaleza nos da otro aviso, recado o castigo.

Y me pregunté yo, en ese momento, justo cuando mastiqué una de esas pipas traidoras que sabe al más desagradable de los podridos, que ese era el problema, que entre tanta pipa, algunas están podridas y te joden el paquete.

Y mientras disfrutaba de ese gran discurrir pipero, me vino a la cabeza otra idea aún más genial por obra y gracia de la cerveza.

¿Y si?

¿Y si existiera un fármaco que una vez ingerido te ofreciera un grado de empatismo tal, que no solo percibieras lo que sufren, sienten y padecen algunos, sino que lo vivieras en idéntico grado? No sé, pensé entre buche y buche, algo así como un Empatinol 500, de fácil digestión, en formato líquido tal vez, que pudieran dejarse caer unas cuantas gotas en ciertas copas de ciertos individuos y estos sufrieran en sus propias carnes, en su orgullo humano, en su culpa, en su espina dorsal, en su estómago, en su piel, en su dignidad, toda aquella tristeza, toda aquella miseria, todas aquellas vejaciones, violaciones, exclusiones, insultos, patadas, balazos, todas aquellas humillaciones por color, grado o condición, todas aquellas injusticias, hambrunas, impotencias….

Empatinol 500, si, eso pensé, le di otro buche a la cerveza, cambié de canal, cerré el paquete de pipas, recibí un mensaje en el móvil, apague la música del ordenador, contesté “en media hora, en el bar de Benjamín”, y otro buche que le di.

Que va, no funcionaría pensé, sería el fin de la humanidad como tal, saber, sentir y padecer todo lo que le sucede al prójimo, no es un producto nada comercial, ¿Quién quiere sufrir las penas y desgracias de los demás cuándo puede tranquilamente tomarse una cerveza con los amigos embutido en su chaqueta nueva, hablando del último partido de champions y poniendo a parir a los dirigentes de allí, de allá y de aquí por no hacer nada por terminar con tanta injusticia, miseria y bla bla bla?

Que falso soy, que asco me doy, que aburguesado estoy, pensé mientras apuré el último trago y luché contra una cáscara de pipa que me desangraba las encías.

Llego tarde, me voy.

Publicado en Reflexiones Mentoladas |
May-21-2008

III - LOS CHICOS

Tommy El Soplón cogió hacia la izquierda en River Street y voló con su Pontiac sobre el puente de Lackson hasta la vieja fábrica de cartón, donde teníamos nuestra base de operaciones. Todos los chicos habían sido avisados de la importancia de la reunión y a nadie le atraía la idea de que Jimmi se enterara de su ausencia. Era la primera vez en nueve meses que nos volvíamos a reunir todos los muchachos, desde aquella última batida en busca de los asesinos del hermano de Jimmi. Cuando ese recuerdo vino a mi cabeza no pude sino relacionar todo lo que iba a suceder con aquel fatídico suceso. Pensado friamente, era la forma lógica de actuar de Jimmi Bugs, “si no se quien es el culpable, todos sois culpables”. Para él no existía la presunción de inocencia.

Después de la conversación del día anterior con Jimmi, salí disparado hacía el puente de Lackson donde tantas veces había estado antes para deshacerme de mis trabajos. Durante toda la noche y acompañado por una botella de whisky y mi pitillera, ideé el plan que pudiera sacarnos con vida de la masacre que se avecinaba. Al final de la noche llegué a dilucidar la que sería nuestra victoria, pero quizá fue sólo una imagen fruto del cansancio y de la cantidad de alcohol que me mantenía en un continuo estado de euforia y ensoñación. Hoy era el gran día, le explicaría la situación a los muchachos y  mañana comenzarían a silbar las primeras balas.

 

Los últimos en llegar fueron Hammer y Gift, siempre embutidos en sus gabardinas grises aunque el sol despellajara las piedras y siempre con la mirada escondida bajo sus sombreros de ala, las manos en los bolsillos y un andar idéntico y amenazador. Parecían mellizos en actitud y movimiento, solo diferenciados porque el sombrero de Hammer llegaba a la altura del pecho de Gift y su cinturón siempre tenía añadidos dos o tres agujeros extras para soportar su enfermiza adicción a los donuts de su pastelería favorita en Springer Avenue. Llegaban a resultar cómicos cuando caminaban juntos, no tan cómica resultaba su facilidad para desenfundar las recortadas y llenarte de pólvora el estómago a la menor mofa que percibieran. Sólo Jimmi se atrevió una vez ha reirse de ellos, “ese asunto es cosa de Abott y Costello” dijo, Hammer llegó a hacer el amago de buscar la pistola pero su orgullo no pudo más que la certeza de saberse muerto antes siquiera de volver a pestañear si lo intentaba.

 

- Bien muchachos, parece que estamos todos.- Odiaba tener que ser yo el que les anunciara su más que posible muerte. Hammer y Gift se acomodaron al final de la sala, un poco distanciados de todos los demás, como siempre. En primera fila estaban Manny , Tommy Jr, Lapaglia y Tourneu. Siempre iban juntos quemando rueda y destrozando todos los locales en los que entraban, eran jovenes y ruidosos, “el correo de Bugs”. Se encargaban de hacer llegar los mensajes adecuadamente a los deudores de Jimmi. En el fondo eran buenos chicos y casi nunca golpeaban a las personas, eso si, todo lo que estuviera alrededor susceptible de romperse, a buen seguro acabaría destrozado.

 

En segunda fila apuraba su cigarro “Gunnie” Wilson, conocido por disparar antes de desenfundar el arma. Probablemente fuera porque en cualquier recoveco de su cuerpo se encontraba a la espera de entrar en acción una de las tantas Colt que llevaba encima. Antes de que te dieras cuenta podía firmar tu cuerpo con una docena de balazos. Jimmi lo utilizaba en las reuniones en las que una palabra mal entendida podía acabar en un sangriento tiroteo. A su lado Adam Garlic, el mejor conductor de la zona Este de la ciudad, una vía de escape segura cuando la poli te pisa los talones. Su apodo lo decía todo, conducía como los ángeles, pero le olía el aliento a demonios. Varias veces se llegó a las manos por ver a quien le tocaba sentarse de copiloto.

 

Separados a una distancia prudencial del bueno de Adam, Billy Lenguas y Wilkinson chascarreaban algo sobre alguno de los presentes. Son el alma de la banda, nunca pierden los nervios y les encanta dialogar, de hecho nos marean a todos con su filosofía barata de barrio y de libro de bolsillo. Billy ha sido el único de los nuestros que, después de un interrogatorio de tres horas de nuestros Abott y Costello, en el que usaron todas las herramientas necesarias para hacer cantar a un mudo, consiguió hablar con lo que quedaba de aquel desgraciado y sacarle la información, “solo necesitaba a alguien que le escuchara” le espetó a Jimmi mientras escribía el nombre de mi próxima víctima en una servilleta.

 

En último término, Jamie Cash, con el rictus impasible y la mirada perdida más allá de mi posición, atravesándome, como solía mirar a todos los que se dirigían a él. Jamie fue, antes de llegar yo, la mano derecha de Jimmi Bugs, un hombre frío y calculador que llevaba a cabo cualquier trabajo de manera impecable y sin cometer un solo error. El mejor asesino que mis jovenes ojos habían visto trabajar jamás. Realmente le admiraba y no tenía muy claro si él también lo hacía o simplemente me odiaba o, finalmente, ni siquiera reparaba en mi existencia y para él solo era una máquina que expedía órdenes concretas. Sin duda, perderlo a él sería como perder esta guerra antes de haberla comenzado.

Eramos trece, la banda más pequeña que operaba en la ciudad pero con el territorio más grande, un trozo de pastel suculento que ya habían intentado comerse otras bandas antes y jamás pudieron. Una a una podíamos con todas ellas, pero esta vez era diferente, ibamos a por todas, a la primera la cogeríamos por sorpresa, la segunda no se lo esperaría pero estaría alerta. A partir de ahí ibamos a sufrir ataques por todos los flancos, de todos ellos, seríamos aniquilados por aquellas putas arañas llenas de odio y pólvora para repartir. Mi única responsabilidad era hacer ver a los chicos que nuestros aguijones acabarían con ellos antes de ser acribillados.

- Muy bien chicos… ¿habéis oído hablar de la araña gigante de As Asham?

Necesitaba urgentemente un plan.

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I - Antes de Todo

II - Jimmi Bugs

 

Publicado en Cigarros por Etapas |
May-19-2008

II - JIMMI “BUGS”

 

- Siéntate Toni - Jimmi me dijo esto mientras con una mano acariciaba al escorpión que tenía en su regazo y con la otra indicaba a la camarera que le pusiera otra copa.

- Gracias Jimmi, el trabajo ya está hecho. - no me senté frente a él, sino en la silla que estaba a su izquierda, tampoco le miré a los ojos, no era buena idea mirar a Jimmi antes de que él lo hiciera. Peor idea era ponerse frente a él, desconfiaba de las partes del cuerpo que no estaban en su ángulo de visión. Todavía no había levantado la vista, seguía con ella perdida en su nuevo juguete mortal, dilucidando quizá las diversiones que aquel bicho le podría ofrecer en un futuro.

- Es un gusto trabajar con profesionales como tú Toni, ¿quieres tomar algo, una copa tal vez?, perfecto, ¡Julie! tráele un bourbón al chico que tiene el gaznate seco. ¿Quieres comer algo?, claro que si chico, tráele también un plato de pasta Julie, que sea generoso y este cubierto de esa exquisita salsa que ha preparado mi madre. Chico, vas a tocar el cielo cuando pruebes eso, te lo aseguro, mi madre es tan buena con los fogones como yo con los negocios. - Jimmi Bugs no era muy amigo de las conversaciones, pero manejaba los monólogos con gran habilidad. Por lo general, ninguno de nosotros llegaba a articular más de cuatro frases en una conversación, tenía la capacidad de preguntarse y contestarse, no se trataba de que querías o pensabas, se trataba de que debías querer o pensar mientras trabajaras para él - Así que has hecho bien tu trabajo chico.

Alzó la cabeza por primera vez para clavar su mirada en mi rostro hasta que cedí y levanté los ojos -Escúchame bien chico, ¿ves este bello ejemplar que tengo aquí? se trata del único enemigo de la araña gigante del desierto de As Sham, en Irak, ¿sabes de qué hablo?, es uno de los desiertos con las condiciones climatológicas más duras, durante el día sus temperaturas derretirían los estúpidos flequillos engominados que lleváis ahora los chicos de la ciudad. Bajo la arena de As Sham viven dos especies que son enemigas íntimas. La araña gigante del desierto, del tamaño de la cabeza de Luca “bullhead” y el escorpión negro que tengo entre mis manos. - Jimmi se sirvió otro trago de whisky, alzó el vaso y se humedeció los labios, era su forma de beber, podía tirarse una noche humedeciéndose los labios con una botella de whisky de 300 dólares. Llegó mi plato de comida y sin mediar palabra ni quitar un mínimo de atención a Jimmi, comencé a comerme los espaguetis. Jimmi estaba en lo cierto, aquella salsa era sublime. Julie también estaba especialmente buena esa noche, le dediqué una mirada de gratitud y volví la vista hacia Jimmi.

 

- Resulta que las arañas gigantes ganan en número, fuerza y velocidad a mi amigo el escorpión. - Jimmi paró para acariciar a su criatura y humedecerse los labios una vez más. - Como te iba diciendo, multiplican por cuatro en número a los escorpiones, llegan a correr a 20 Km /h y son capaces de saltar hasta un metro de altura. Además emiten un escalofriante chillido que rompe con el ensordecedor silencio del desierto. Su única debilidad es que son criaturas nocturnas, odian la luz del sol y de día sólo se mueven si perciben una vibración cercana de algún animal que pueda ofrecerles un poco de sombra. Imagina estar caminando por el desierto y ver salir a ese horrible insecto gigante corriendo hacia ti y gritando por un poco de sombra. Rara vez muerden y te inyectan Novocaína, de ser así, quedas inmediatamente atontado y comienzan a devorarte hasta dejar tus huesos libres de cualquier rastro de carne.

Tuve que hacer verdaderos esfuerzos para seguir comiéndome aquellos deliciosos espaguetis, no comerlos sería ofender no sólo a Jimmi, sino a su madre. Tommy Little comentó un día que la sopa que había preparado la madre de Jimmi estaba sosa. Fue lo último que comentó en toda su vida, Jimmi le cortó la lengua con un cuchillo de cocina y Tommy pasó a llamarse Tommy el soplón.

Jimmi siguió con su inquietante exposición.

- Por otro lado están los escorpiones, ni tan rápidos, ni tan imponentes, ni tan hábiles, pero con una inteligencia inusual y un veneno mortal. Aprovechan la luz del día para posicionarse en el desierto y por sorpresa, aniquilar colonias enteras de arañas gigantes. Un sólo picotazo con este aguijón y tu cuerpo se convulsionará y apagará en la más dolorosa de las muertes conocidas.

 

Gracias a Dios había terminado el plato de espaguetis, estaba un poco revuelto, ya no sólo por lo repugnante de la exposición de Jimmi, sino por que sabía que toda aquella información tenía algún oscuro objetivo que el demente de Bugs llevaba tiempo moldeando en su psicótica cabeza.

- Pues bien Toni, yo soy un escorpión, el puto rey escorpión, y vosotros, mi familia, sois mi colonia, pequeña pero mortal y mucho más inteligente que todas las demás. - Decidí tomarme la copa de un trago para poder digerir lo que se avecinaba, Jimmi producía en mí un terror tan intenso como atractivo. Mire como Julie se movía graciosamente entre las mesas del restaurante y en cuanto se percató de mi mirada, me guiñó un ojo. Mi segunda copa estaba en camino. - Y te preguntarás, ¿quienes son las arañas gigantes? buena pregunta Toni, eres un chico listo, por eso estas a mi lado. Las arañas están por todos lados, nos cruzamos con ellas a diario y ya han matado a alguno de los nuestros como bien sabes. -Jimmi permaneció unos segundos pensativo- Hacen sus sucios negocios de noche y se están expandiendo como la peste por toda la ciudad, hay que eliminar una a una a todas las colonias Toni, a los mexicanos, a los polacos, a los italianos del Oeste, a los búlgaros de Kimball Park, a los colombianos del puente Lackson, a todos Toni , a todos.  - Mientras decía esto último, a Jimmi parecía que se le iban a salir las órbitas de los ojos, masticaba con furia cada palabra que decía y en sus ojos brillaba la más dulce y fría de las venganzas.

Guerra abierta en la ciudad, la colonia de escorpiones iba a comenzar una limpieza suicida, mi nombre volvería a ser sinónimo de defunción y la posibilidad de tener una vida tranquila al lado de Julie se esfumaría con cada nueva bala disparada y  cada nuevo cadáver a mis espaldas. Eso si conseguía salir vivo de la primera noche, como bien decía Jimmi, aquellas bandas eran jodidas arañas gigantes, tenían más armas, más hombres, más material, más policías sobornados, más soplones. Lo más extraño era que me sentía cojonudamente bien bajo la piel de un escorpión.

 

- Entendido Jimmi, pondré a todos al corriente y me ocuparé de este tema. - me hizo un gesto con la cabeza que significaba que podía levantarme y que había dicho las palabras correctas, dos frases en una hora, hoy había estado especialmente lúcido en mi conversación. Julie trajo mi copa, yo la miré con una profunda pena, me bebí el bourbon de un trago y me despedí con una mano mientras con la otra recuperaba mi gabardina. Había que empezar a trabajar.

 

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I - Antes de Todo

Publicado en Cigarros por Etapas |
May-14-2008

I - ANTES DE TODO


 

No había cosa que más odiara que unos guantes sucios por culpa de un estúpido oligofrénico compulsivo. Si se hubiera quedado quieto después de amputarle la mano no hubiera manchado mis guantes, ni mi gabardina nueva, ni mi reluciente reloj, que desde el momento en que le rodee en aquel callejón, pasó de su muñeca a la mía.

Me dirigí en el Cadillac hasta el puente de Malest Creek y lancé a aquel idiota al río desde una altura de más de doce metros. Casi no pude escuchar el crujido de su cuerpo contra el agua. Gracias a dios no tuve que ponerle un peso al cuerpo para que se hundiera con el resto de mis viejos amigos, esta vez debería ser encontrado como aviso a todos aquellos que molestaban a Jimmi "Bugs". Con suerte los productos químicos que a diario desechaban las fábricas del otro lado del río habrían limpiado todo rastro de mi actividad nocturna durante los últimos años. De no ser así, aquel fondo se antojaba como un impecable currículum de mi trabajo para Jimmi.

Entré en nómina hace ya dos años, siendo un chaval que se manejaba con soltura en los suburbios del Este de la ciudad. En aquella época mis ansias por ser el dueño de las ocho calles perpendiculares y ocho paralelas perfectamente cuadradas en las que operaba mi banda, acabaron por meterme en más de un problema con la policía. La única manera de salir de aquella encrucijada con barrotes fue dar el nombre de algunos de mis mejores proveedores. Cuando salí a la calle, mi integridad se transformó en una quimera, mi caza y captura en el objetivo de los individuos más peligrosos de la ciudad y mi cuerpo cosido a balazos en el sueño de unos pocos que mandaban sobre otros muchos.

Jimmi fue el único que, por compasión o por una apuesta personal sobre mis habilidades, decidió ofrecerme su protección, y cuando Jimmi protege a alguien, las balas no vuelven a apuntar sobre su cabeza. O eso era lo que yo pensaba.

Como muestra de gratitud, puse todo mi talento criminal a su disposición y en poco tiempo me convertí en la mano derecha de Jimmi Bugs. Le llamaban Bugs (insecto) por el amor que profesaba a todas aquellas criaturas asquerosas a las que adoraba y alimentaba en el enorme terrario que separaba el restaurante familiar de "su oficina".

continuará…

Publicado en Cigarros por Etapas |
May-12-2008

LOS PIES EN EL METRO

De lunes a viernes, la línea 8 del metro que pasa a las 7:35 me recoge y me lleva a la parada más cercana a mi trabajo. Todos los días, de lunes a viernes, espero en el andén a que me recoja y, mientras lo hago, no puedo evitar mirar, a todo, a todos. Por lo general nunca percibo nada que llame mi atención más allá de una mirada de seis segundos en la cuál creo un perfil incompleto del sujeto en cuestión. Casi nunca sucede nada extraordinario más allá de una bronca entre uno que entra y otro que sale, una “casicaída” tonta en las escaleras o un turista impotente ante la máquina traga-tickets que te permite el paso a la estación.

Los días en el subsuelo transcurren bajo la misma tranquila y cansina rutina. Entro en el vagón y me acomodo de cualquier manera, con el suficiente espacio para poder abrir mi libro y seguir con la lectura que dejé, en la misma línea, el día anterior a eso de las 17:46, tras apearme del vagón que hace el recorrido de vuelta de la línea 8. Ha sido así siempre, durante los últimos seis años. Hasta hoy, hasta esta mañana.

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A las 7:36 llega el metro, entro y me acomodo al lado de la barra de sujeción y cuando me giro para sacar el libro de mi mochila, mi brazo choca con el de ella. Jamás la había visto, ni en el andén, ni en el vagón, ni entrando en la estación. “Debe ser su primera vez”, pienso. También pienso como aquellos ojos del marrón más intenso, han podido conseguir acelerar mi corazón de esta manera, con esta virulencia que golpea a mis sienes con cada latido. También pienso como puede ser que no me haya percatado de que llevo más de veinte segundos con mi vista clavada en sus labios, en sus mejillas, en su pelo, analizando cada facción de su rostro. También pienso en como he conseguido que tras mi atrevimiento y acoso visual, ella dibuje una sonrisa y me excuse con la expresión de sus ojos de, lo que a su juicio, no reviste tanta gravedad. Ruborizada, baja la vista y avergonzado, de mis labios dejo escapar un atropellado perdón.

En ese momento saco el libro y disimulo una lectura que se me antoja imposible mientras miro los zapatos de ella, de un negro lacado, terminación en punta y un tacón de aproximadamente cinco centímetros, “debe ser azafata de congresos” pienso al subir un poco más la mirada y descubrir el resto del uniforme.
Cinco paradas después he conseguido leer las cinco primeras palabras de la tercera línea del quinto párrafo, asegurándome de que no las olvidaré jamás, que quedaran tatuadas en mi cerebro como recuerdo de aquella estremecedora visión que acabo de disfrutar. Llevo diecisiete minutos mirando sus pies, construyendo sobre ellos mil formas de entablar una conversación con ella y otras mil excusas para no llevar ninguna a cabo.

Dos paradas después me bajo del vagón sin mirar atrás, incluso cuando el metro se vuelve a poner en funcionamiento, mantengo la cabeza fija en el suelo, evitando la tentación de mirarla otra vez.

Al día siguiente me levanto, me ducho, desayuno, me visto y camino impulsado por la fuerza de una obsesión, volver a ver aquellos pies, aquellos zapatos y quien sabe, quizá levantar un poco más la mirada y atreverme a algo más que a la simple observación.

A las 7:35 me subo al vagón buscándolos entre todos los demás. Cuando ya lo doy todo por perdido y harto de ver zapatillas que no me dicen nada, sandalias de temporada, zapatos de todos los colores, botas altas, medias y bajas, tacones de vértigo y mocasines pretenciosos, los vuelvo a ver, esta vez flotando en el aire, dibujando círculos en movimiento que me hipnotizan. De nuevo saco el libro como excusa para perderme secretamente en tan bello y rítmico movimiento, pensando que tal vez me esté comportando igual que sus pies, moviéndome en círculos por una idea que aunque clara en esencia, consigo emborronar con todos mis miedos y la fortaleza de la que hace gala mi cobardía. Ella está sentada, con la mirada perdida en la ventana que esta tras de mí, por lo tanto me guardo de levantar la vista y descubrirme de nuevo ante sus ojos. “Quizá ni se acuerde de mí, de aquel tipo raro que ayer la acoso con su mirada”.

De nuevo me bajo en mi parada sin haber siquiera levantado la vista una sola vez. Las horas en el trabajo pasan vacías de contenido y llenas de esperanza, la vuelta en el metro entre ensoñaciones de reencuentro, quizá en este mismo vagón, en este mismo asiento. La tarde en mi casa, la tele con la mirada perdida y las vueltas en la cama también quedan envueltas por la misma obsesión.

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Hace ya trece días que no la veo, trece. Me he acostumbrado a su ausencia y, poco a poco, vuelvo a quedar atrapado por la tranquila y cansina rutina del pasado. A las 7:37 me subo al vagón, me acerco a la barra de sujeción y me doy la vuelta para sacar mi libro de la maleta y comenzar mi lectura cuando mi brazo se tropieza con alguien, un ejecutivo con rictus amargado que amaga un insulto entre dientes y me aparta la mirada. “Es increíble lo poco que hace falta para soportar el peso de un traje” pienso mientras busco en la mochila alguna razón para no escupirle en la cara o soltarle algún insulto ingenioso que provocara el delirio del vagón, “si fuera como soy en mi mundo imaginario, sería la hostia”.
Abro el libro por la misma página que lo dejé cuando aquellos pies trastocaron mi lineal existencia, aquel libro que nunca quise seguir leyendo convencido de que aquella página, aquel párrafo, aquel puñado de palabras, de alguna manera me volverían a conectar con ella. Por fin retomo la lectura hasta llegar a la sexta parada.

Cuando llego a la oficina noto cierto revuelo que indica novedad en el frente laboral, “quizá nos han subido el sueldo” pienso mientras descubro que tengo un sentido del humor compartido conmigo mismo un tanto irónico.

Llego a mi puesto de trabajo, dejo la maleta bajo la mesa, el abrigo en el perchero y enciendo el ordenador.

- Buenos días David, te presento a Sofía, la nueva encargada del departamento de coordinación comercial de la empresa.

No me hizo falta inclinar la cabeza más de 30º para reconocerla, aquellos pies que tanto había anhelado estaban ahora a cuarenta centímetros de mi mesa, de mí.

- Encantado.
- Igualmente.

- Bueno yo les dejo, David hazme el favor de explicarle a Sofía a grandes rasgos el funcionamiento de la empresa, en dos horas nos reunimos y terminamos de definir el proyecto de Alfredo Tejero.
- De acuerdo jefe, por cierto buenos días.

El jefe me regala una sonrisa amable y se aleja por el pasillo mientras yo intento buscar la manera de poder articular las palabras necesarias que tanto había estudiado en aquellos trayectos de metro para hablar con ella. No hace falta, una vez que levanto la vista, la miro y mi mundo se acelera y atropella, ella comienza a hablar.

- Me pregunto si ya habrás conseguido terminar de leer aquella página de tu libro.
- Echaba de menos a tus pies
. (Es lo único que se me ocurre decir).
- Yo también echaba de menos a los tuyos, parece ser que ahora tendrán tiempo de conocerse un poco mejor.

Publicado en Vidas Paralelas |
May-7-2008

VIAJE A MADRID EN POCAS PALABRAS

Taxi, aeropuerto de Los Rodeos, embarque eterno, cacahuetes dulces, escala en Las Palmas, Burguer King, arrepentimiento nutritivo, lectura, embarque cansino, asiento de pasillo, cabezada y dolor de cuello, aterrizaje turbulento, quedada con amigos, copas y más copas, bailar, humo, dormir, despertar, caña y pincho matutino, tajada monumental a las 12, más cañas, siesta, cita, más cañas, salir, copas y humo, antro discotequero, chupitos, risas, drogas y alcohol, piso desconocido, fotógrafo, sueca desorientada, amanecida con gafas de sol por Gran Via, ducha, curro, cafe a hectolitros,trabajo hasta las mil, almohada, sueño hasta el día siguiente, Ifema, montaje de stand, problema 1, problema 2, problema 17, ansiedad, dolor de cuello, café, soluciones, llegada del jefe, aprobado con suficiente, problemas 18 al 26, soluciones, llamada, problema en la isla, cambio de planes, cambio de billete, avión, embarque, cabezada, dolor de cuello, aeropuerto de Los Rodeos, taxi, casa, cigarro, suspiro y almohada.

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