Archive for Octubre, 2009

Oct-22-2009

TOME ASIENTO

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A diario convivo y me reúno con una docena de comerciales, no siempre los mismos, a veces repiten, otras ni siquiera los conozco, y me presento y ellos se presentan y me cuentan, y yo les explico y ellos asienten y preguntan y bromean, y yo les doy las pautas y ellos vuelven a asentir y les explico las tarifas y comisiones y ellos abren los ojos sorprendidos y me agradecen con sus gestos la buena nueva, y yo sigo a lo mío y les paso el material, y ellos lo supervisan de una pasada y lo aprueban con un imperceptible gesto de la cabeza, y yo les digo que por mi parte ya está, que ahí estaré para lo que necesiten y ellos me estrechan la mano y me dicen que si me apetece una café, y yo miro el reloj y pienso en la próxima reunión, pero acepto por cortesía y ellos bajan las escaleras encantados de compartir ese café y entonces todo cambia sin dejar de ser lo mismo y ellos preguntan  por mi pasado, mis raíces, aparentemente interesados y yo les cuento cual autómata, siguiendo un guión estipulado, como si leyera en un promt mental la frase que en ese momento digo, pequeños tips de mi pasado, que si de aquí vine y allí nací, que si añoro esto y he perdido aquello, que si la edad, el tiempo, el amor olvidado, la calidad de vida de antaño, que si la crisis y el metro y la sensación de claustrofobia, y ellos asienten y nunca muestran desacuerdo y remueven la cucharilla mientras tanto y ya sin mirar siguen asintiendo y miran al camarero que tiene un problema con el hombre alto de barba tupida del fondo de la barra, un feo asunto sobre el cambio de un día pasado, y siguen asintiendo y removiendo el puto café y yo cambio de tema sin previo aviso y empiezo a hablar de lo mucho que me gustó haberme follado a su madre la noche anterior y entre afrenta y afrenta suelto alguna palabra de esas que ya considero muerta, como rating, o porcentaje o increase o input o beneficio neto, y en ese  justo momento que suelto a la fallecida ellos asienten, ya con la mirada perdida en otra historia que transcurre a pocos metros de nosotros y que probablemente, pienso, esté igual de vacía que la nuestra y yo mientras sigo y le comento, a modo de ejemplo, que puse a la que antaño fue su proveedora, asienten, de leche materna a cuatro patas en la lavadora y sacando mi producto bruto, asienten, la introduje en un nuevo mercado, asienten, de placer que la pobre desconocía, por que su anterior proveedor, asienten, que es su padre no cumplía con el mínimo de satisfacción requerido a la hora de prestar este servicio, asienten, y así puedo seguir unos minutos más, insultando a ellos y todo su árbol familiar, y ellos asienten hasta el agotamiento y yo pido la cuenta y ellos se hacen los despistados justo en el momento que el camarero trae la cuenta, ojean el teléfono y se excusan por una llamada que no es tal , y yo saco varias monedas y las coloco en el plato metálico y el camarero, Jóse, me mira y pone la misma mueca de resignación de siempre, y yo asiento y entonces viene el comercial y me dice, que no hombre, que no hacía falta y lleva la mano al bolsillo y cuando está a punto de sacar la cartera da marcha atrás, bueno, ya el próximo corre de su cuenta dice, y palmadita en la espalda y me despido de Jóse, el camarero, y salimos y el comercial que me estrecha la mano, dice dos tonterías más y se va y yo me dirijo de nuevo a la oficina y miro el reloj y cinco minutos quedan ya para la próxima reunión y pienso que dentro de cinco minutos va a comenzar a  pasar lo mismo de nuevo y que vivo en un bucle comercial, en una especie de nube que me mantiene alejado de la vida, flotando sobre ese suelo de realidad, que vivo envuelto en una bruma grisácea y monótona, carente de luz y de verdad, sin una pizca de improvisación, sin un mínimo de originalidad y en ese momento me enciendo un cigarro y me digo a mi mismo que algo va mal, que tengo que elegir entre vivir una vida laboral o vivir una vida de verdad, y justo se presenta alguien, que disculpe, que si soy fulano de tal, el de la empresa cual, y yo le digo que si, que si él es mengano de cual, que viene de parte de Zulano de tal, que si me contesta, y le digo que un momento, que apago el cigarro y subimos,  y él  que ah, que de acuerdo, y le doy una última calada y dejo que mi pesadilla, ese bucle interminable que se repite cada treinta y cinco minutos, vuelva a empezar.

Publicado en Hoy lo dejo, En la fábrica |
Oct-20-2009

Y QUIEN DIGA LO CONTRARIO…

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Publicado en La vida en tiras |
Oct-16-2009

CAMINO A LA ESTACIÓN

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El otro día caminaba por el retiro con los cascos embutidos en mis orejas y tomando cierta distancia de todo lo que me rodeaba, mirando más hacia la copa de los árboles, que hacia lo que sucedía a ras de suelo, frente a mí, a mi lado o a unos pocos metros, fruto de los encontronazos de aquella marabunta humana con la que me chocaba cada pocos metros, por que si, por que seguía mirando a la copa de los árboles y no caía en la cuenta de que un chaval estaba intentando sisearme la cartera, por que me empeñaba en adivinar que rumbo tomaría aquel pájaro en cuanto se despegara de aquella rama mientras un payaso de maquillaje desteñido intentaba levantar el ánimo en su decimotercera sesión del día, sabedor de que aquellos niños, aquellos malditos y enanos bastardos, estaban ya lo suficientemente cansados como para ser capaces de tirarle abajo la función que representaba su próxima cena.

Luego apagué la música, pero seguí con los cascos cubriéndome las orejas, como si me defendieran de aquel hostil ecosistema, y miraba  como mamá pato estaba a punto de tener un ataque de ansiedad por que sus patitos estaban rodeados por barquitas de imberbes histéricos y sobrehormonados que buscaban cualquier excusa rebelde para inflar su pecho ante La Jenny y luego vi como una ardilla, quizás la última que quede en este parque, escondía su botín en un agujero imperceptible del tronco de un árbol, sabedora de que tenía poco tiempo para prepararse para el invierno y mientras, pasaba por delante de dos  videntes, cada una en su mesa y mirando hacia el cielo: “Va a llover”, “No sé, quizás dentro de dos horas, pero por ahora…”, “antes de lo que piensas”; y ahí estaban, discutiendo sobre sus dos futuros probables mientras como decía, yo pasaba por delante de ellas y confirme que en esta puta ciudad parece que nadie se da cuenta de que el cielo ha cambiado la gama cromática de azules, rojos y violetas, que las copas de los árboles se tiñen de ocres y el suelo de un manto de hojas secas que te anuncia al andar sobre ellas, que es hora de pararse un poco y mirar, de hacer balance y prepararse para el invierno, de decidir a qué rama irás después de esta, de buscar un hueco seguro donde meter lo necesario para pasar el invierno, de cuidar de los que quieres, que serán los que te den calor cuando llegue el frío, en fin, de vivir el otoño, de sentirlo, de caminar hacia él y no pensar que todo sigue igual y que el otoño es, al fin y al cabo, el nombre de otra campaña promocional de El Corte Inglés.

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