CLARO Y EVIDENTE
Han sido pocas veces la verdad, y nunca en un estado de absoluta conciencia. La primera vez no creo ni recordarla, sino que es fruto de la capacidad de engaño de mi memoria, contaría con año y medio cuando entre balbuceos e incoherencias acústicas, salió de mi boca una palabra con sentido, “mamá”, y esa fue la primera vez que, sin siquiera reconocerlo, experimenté mi primera clarividencia. “Pueden entenderme”.
A lo largo de nuestra vida, la mayoría de nosotros hemos experimentado más de una vez está sensación, la cabeza se despeja, el motor baja de revoluciones y un pensamiento masticado hasta la saciedad anteriormente, se desliza ahora por nuestra mente hueca y vacía, sólo, sin interferencias, sin otras líneas de pensamiento que le impidan recorrer el camino para presentarse desnudo ante nosotros y presentarnos la verdad, clara y evidente, de lo que hasta ahora había sido duda existencial, “me ama”, “estoy equivocado”, “la quiero, “no tiene importancia”, “me ha sido infiel”, “no vale la pena”.
Pero por lo general uno no está por la labor de dejar que sus pensamientos correteen desnudos y sin impedimento por su cabeza, que indecencia, que haríamos con los otros mil y un pensamientos estúpidos al día que nos mantienen en esa nube continua de razonamiento tóxico, que si el pan, que si el jefe, que si el vecino, que si la factura, que si la llamada, que si Paco, que si Lucía, que si el niño, que si los correos pendientes, una espesa y “desasogante” nube que no nos permite ver con nitidez la verdad, el ojo cerebral nos miente porque donde debería ver palabras definidas, sólo atisba entre la bruma siluetas confusas y donde debería leer lo siento, lee es tu culpa, donde tengo que hacerlo, es mejor esperar, donde esto es una mierda, un último esfuerzo…
Mis siguientes experimentaciones catárticas de clarividencias plenas surgen con el inicio del consumo de alguna que otra droga no legal. Meterme en la cama con el cerebro trabajando al 200% después de fumarme un cigarrito de la felicidad y de repente ver todo nítido, una idea otra vez clara y limpia, impoluta, incorrupta, sencilla y bien estructurada. Me arrepiento a veces de no haberme levantado para coger un algo que escriba y tatuar en algún papel aquellas genialidades expositivas que mi cerebro dopado hasta la última neurona me regalaba.
Y después de aquellas, las otras, en mitad de una sala de baile, con las pupilas sobresaliendo de las cuencas de los ojos y generalmente sobre un mismo tema, la finalidad de vivir, el amor como única explicación, el dar y amar, reír y compartir, la búsqueda de la felicidad a través del éxtasis más puro, el del amor, a través de otro de naturaleza igualmente química, pero acertadamente manipulada. Cierto es que después de aquellas clarividencias el cerebro, deshidratado, te ofrecía su lado más oscuro y deprimente.
Todo esto no es mas que una introducción para decir lo que realmente quiero decir. Hace tiempo que no experimento esas clarividencias reveladoras que me ofrecían una verdad, por pequeña que fuera, sin fisuras. Intento pensar que no es por la edad, la experiencia o el exceso de información que te hace ver que no hay soluciones limpias para casi nada, que no es por haber dejado el consumo de aquellos potenciadores ilegales de clarividencias, que no es porque con el tiempo me he vuelto más escéptico, menos idealista, más neutro con todo lo que me rodea, más, quizás, conformista con todo lo que me sucede y su intoxicada y aparente explicación.
El otro día tuve una clarividencia, la primera que he tenido en mi vida en plenitud de facultades, la primera vez que me enfrentaba a ella completamente despierto. ” No estás haciendo lo que quieres, gilipollas”.
Clara, sencilla, desnuda y brutalmente demoledora.
Publicado en Reflexiones Mentoladas |
La gente con espiritualidad en vías de desarrollo, se sienta, en posición de loto, o lo que sus articulaciones buenamente le permitan, y meditan. Esto es, dejan que su mente llegue al fondo, después de un bombardeo incesante de tonterías que pasan a cada segundo por las cabezas. Entonces son fieles a lo que el cartel del oráculo de Delfos ordenaba: Conócete a ti mismo.
El resto hacemos todo lo posible para que eso nunca pase, y hay tantas, tantas formas. En fin…
Yo tengo mis momentos de clarividencia, esos que dices, y a veces cojo un bolígrafo para que el cerebro descanse de la luz cegadora. Escribo en rojo. Mejor que una revelación. Mejor que un manual de sabiduría, pienso. Fuera del momento, leo en rojo. Incoherencias. Solamente incoherencias. Nada más.
Guancuestionplís, oye, ¿tú sabes lo que quieres?
Besos
ORNELIA, no sé si es porque me veo ridículo en la posición de loto por lo nulo de mi flexibilidad, o porque prefiero no saber que se esconde tras la cortina de humo, pero prefiero seguir investigando sobre nuevas formas de noclarividencia forzosa…
CÓNICA, que va, ni idea de lo que quiero, a mi edad sería un disparate saberlo
(solo sé lo que no quiero y aún ahí tengo mis dudas)
” No estás haciendo lo que quieres, gilipollas”…
Y ¿qué es lo que quieres?
Creo que cuando la vida gira y te deja sin la realidad que vives, sin la certeza de tu cotidianidad, y te obliga literalmente a un cambio forzado por las circunstancias, entonces tomas conciencia de tu existencia. Esos golpes no deseados ni elegidos por ti, son los que te llevan a despertar y tal vez a recuperar la capacidad de asombro del día a día. Entonces comienzas a saber que es lo que quieres, claro que el precio suele ser muy elevado por que pagas con pedazos endurecidos de ti que se habían habituado a la comodidad.
En algún lado leí: ‘Si no decides, la vida lo hará por ti’ y créeme que es verdad…
Es mejor tomar decisiones y para poder hacerlo, pues hay que saber lo que quieres ¡vaya!
Abrazo y beso de
Ro
Reitero…¿qué es lo que quieres?, ¿para qué lo quieres?, lo que te hace falta es una buena sesión con Jodorosgómezky. Cuando el alma eligió los compañeros de viaje se quedó con los más extraños, los más desapegados, los más inusuales y jodidamente poco amigos, se quedó con los mejores. Los perdidos, los fuertes rellenos de algodón de azucar, los que, con la boca de medio lado y mordiendo los dientes te susurran sin hablar…no se por donde tirar ahora.
Bienvenido a su GPS vital…¿hacia dónde desea dirigirse?, le acompaño.
Todos hemos sentido algo parecido alguna vez, por eso al leer este texto nos sentimos de alguna manera identificados con lo que nos cuentas. Ahora, yo me pregunto sobre el sentido de saber lo que se quiere o no, ¿acaso hoy no es una cosa y mañana otra?
Bss.
Y como diría Mercedes: ESTO ES GENIAL! Comentarios y todo!
Me encantó: “Me arrepiento a veces de no haberme levantado para coger un algo que escriba y tatuar en algún papel aquellas genialidades expositivas que mi cerebro dopado hasta la última neurona me regalaba.”
Y también lo del Boli Rojo; he comprobado personalmente que tanto esta técnica como la de la Flor de Loto (tumbado también vale) funcionan.
Solía decir que el primer paso es darse cuenta de las cosas…
Suerte Devi, estés donde estés, y hagas lo que hagas!!!
jajajaajajajajaaajjajajjaaajajajajajajajjajaa…qué bueno!!
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