LOS ARQUITECTOS

Me defino como un ser sedentario con inquietudes, persona extrovertida que guarda con recelo todas sus emociones, trabajador intachable que busca el mínimo resquicio para no cumplir como debe y acogerse a la ley del mínimo esfuerzo, amigo fiel de una intermitencia extrema, persona práctica y lógica que analiza todo con mesura para luego tomar decisiones por impulsos electrotontomagnéticos de su cerebro, individuo altamente sensible en su profundidad pero de inquietante frialdad en la superficie, egoísta empedernido capaz de dar cualquier cosa sin importarle su valor.
En fin, podría seguir con este juego de blancos y negros algunos párrafos más, completamente seguro de no equivocarme en una sola de mis afirmaciones y de ser reconocido por mis allegados y algún que otro periférico en alguna de ellas.
La realidad de mi ser se define por las diferencias de criterio de todos mis arquitectos. Cada uno de ellos entró en mi vida con un plano y unas ideas; innovadores, recargados, minimalistas, recicladores compulsivos, gustosos de la paleta cromática, conservadores, rococós, naturistas, urbanos, adaptativos al entorno, inconformistas.
Cada uno de ellos no obstante, ha dejado una huella de su creación en la estructura de mi edificación, construyendo un ser dispar, con un orden ilógico y contrario que cumple con el requisito de hacerme reconocible para los demás, pero sólo a duras penas.
Hace poco menos de un año que me mudé a Madrid, desde el primer minuto que respiré esta ciudad me di cuenta del legado que soportaba sobre los pilares de mis pies. El hecho de alejarme de gran parte de mis arquitectos ha creado una nueva dinámica emocional en mí, y ahora reconozco más que nunca cuando una de sus características sale a relucir en mi persona. De hecho, no sabría definir si la sensación es placentera o angustiosa, creo que lo más cercano a definirla sería el decir que es de una angustiosa belleza.
La cosa funciona así, por lo general soy un yo completo y los que me rodean sólo perciben el global de la estructura, una fachada sólida con sus adornos, sus biseles, sus ventanales y sus muros de contención, pero en algunos momentos una parte de mí sobresale sobre las demás y entonces reconozco a alguno de mis arquitectos tomando el mando.
Produce cierta ansiedad ver como sólo uno de ellos se hace cargo de la situación, demostrando furia, alegría, desparpajo, decisión, miedo, temple, duda, fuerza, rapidez, valor o debilidad.
Pero por otro lado me devuelve a la persona, al creador, al que un día tiró de plano y cincel para darme algo que yo recogí inconscientemente e hice parte de mí. Gracias a ello a veces me veo trabajando con cautela en la oficina codo a codo con los consejos de mi padre, disfrutando de nuevas experiencias que me ofrece la ciudad con mi mejor amiga, paseando abrazado a mi madre y disfrutando de la belleza del momento, compartiendo el gusto geek en la cuarta planta del FNAC con mi hermano mayor, “degenerando” cualquier idea o situación con mi mejor amigo, defendiendo visceralmente mis ideas con mi antiguo compañero de piso.
También me acompañan en los malos momentos, pero esos están de más en esta reflexión. Supongo que con todo esto que escribo lo que quiero decir es que no os extraño porque estáis conmigo, pero me muero de ganas por volver a teneros cerca y que me deis algún que otro retoque para seguir siendo un poco más de lo que soy.
Publicado en Reflexiones Mentoladas |
Un abrazo.
Muy sólida la estructura de tu edificio, genial, sólo espero que se sigan ampliando los planos, pues aún más arquitectos habrás de conocer.
Un beso
Eres un magnifico edificio.
Espero que tu buena amiga lo siga siendo por mucho tiempo.
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