Archive for the ‘A Pulmón Abierto’ Category

Jul-27-2009

HASTA DIEZ

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Una decisión que parece estúpida nos separará a dos vidas de distancia, tres advertencias de los que me quieren que me hacen dudar a la cuarta semana de haberme decidido, cinco días a la semana para buscar mi sexto contrato laboral mal remunerado, siete pecados capitales que pueden alejarme de la octava exacta que guía la partitura de mis sueños, nueve meses que tardé en parir la certeza absoluta de querer seguir estando a tu lado, no cerca, no siempre, despacio como hasta ahora, hasta llegar, así, hasta diez.

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Mar-19-2009

LLEGANDO HASTA ELLA

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Nuestro pasado fue construido sobre palabras, relatos ficticios, vivencias maquilladas ante espejos literarios y reflexiones compartidas en un universo sin rostros definidos. Con cada comentario cruzado fuimos conociéndonos un poco más, pero aquella muestra de interés público no nos permitía escribir lo que realmente queríamos decirnos, así que nos escondimos en conversaciones privadas, al amparo de nuestro correo electrónico y de  un chat en el que expresábamos lo que sentíamos a través de estúpidos emoticones amarillos. Con el tiempo las letras comenzaron a ser insuficientes y un buen día ella se atrevió a teclear 9 números que abrían una ventana auditiva a millones de nuevas posibilidades.

Ante el temor de no poder borrar lo escrito y de que mi tono de voz descubriera mis miedos y emociones, tardé algunos días en teclear aquellos nueve dígitos en mi teléfono, pero una vez hice acopio del valor suficiente, pude ponerle intención a todas aquellas frases tantas veces leídas, cayendo fulminantemente enamorado por el tono de su voz, por su forma de jugar con las palabras, por sus enrevesadas metáforas para analizar todo lo que nos sucedía, por sus deliciosas carcajadas telefónicas, por la rapidez con la que me desarmaba con sus preguntas, por ese acento seco que humedecía todas mis fantasías, por aquellos agradables silencios en los que nos decíamos todo aquello que no merecía ser ensuciado con adjetivos.

Así, el tiempo dejó de estar compuesto por horas, minutos y segundos y pasó a  estar marcado por la vida de la batería, que nos anunciaba con su intermitencia que aquellas conversaciones tenían fecha de caducidad. Durante meses mantuvimos un idilio de letras y sonidos que fue destapando la angustia del tacto y la desesperación del gusto que sentíamos ambos y que no verbalizaba ninguno.

Y como era de suponer, llegó el día en que nuestras divagaciones se concentraron únicamente en el día en el que nos conociéramos personalmente, en la forma en la que nos saludaríamos, como nos sentiríamos, cuál sería nuestra primera frase y la última, en que momento nos daríamos el primer beso, nos atreveríamos a acariciarnos, nos desnudaríamos, qué nos diríamos al oído, qué le pediríamos al otro, qué queríamos que nos hiciera y dónde queríamos que nos lo hiciera, cómo saldría, si nos gustaría, si al vernos no se caería toda aquella magia a lo más profundo de la realidad, si seríamos tan valientes de mirarnos a la cara al menos una vez en nuestras vidas.

Y así pasaron los meses, conocía cada pliegue de su cuerpo sin haberla visto, sabía que le gustaba y cómo, en que medida, que cosas le molestaban, su lado de la cama preferido, la música que le gustaba, sus traumas de infancia, sus miedos, sus amistades y traiciones,  sus fracasos y victorias en la vida, su color preferido, sabía incluso que muecas ponía al otro lado del hilo telefónico, podía respirarla, oler cada poro de su piel, era un ser abstracto que en mi cabeza superaba con creces cualquier cuerpo que en mi vida hubiera conquistado, la deseaba con todo mi ser y la única certeza de mi imaginación me dejaba navegar por cada rincón de su cuerpo y de su alma. Pero no era suficiente.

Un buen día tecleé mi tarjeta de crédito y me saqué un billete de avión con rumbo a esa ciudad que tantas veces habíamos recorrido los dos juntos en nuestras conversaciones y ahí estaba yo, con la maleta tiritando a mi lado y el corazón en la boca dispuesto a decir hola al amor de su vida por primera vez. Ya no me importaba que la magia se perdiera con el contacto directo de su piel, solo quería besarla y cerciorarme de que aquellos labios que me habían enamorado pronunciando todas aquellas palabras, iban a ser míos de una vez por todas.

Y para siempre.

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Mar-11-2009

QUE POR QUÉ?

Porque me levanto cada mañana con la misma sensación. Desde que el primer párpado se despereza y  la luz me ataca directamente al iris  con esa blanquecina precisión. Mis movimientos son lentos y previsibles, vivo en una angustiosa cámara lenta donde nada me sorprende y todo se evidencia vacío y simple.

Voy al trabajo, desayuno con mis colegas, reuniones, almuerzos, ochenta flexiones en el gimnasio, una cerveza con mi compañero de squash, dos llamadas telefónicas, un paseo con Duggi por el parque, dos conversaciones sobre perros, tres ladridos ensordecedores, una mierda del tamaño de una rueda, fregar los platos, ducharme, ponerme el traje nuevo, coger las llaves del coche, masticar cuatro chicles de eucalipto, llevarme la mano al corazón seis veces durante el trayecto, saltarme un semáforo y quedarme “empanado” en otros dos, tragar saliva, bajar del coche, respirar profundamente, tocar el timbre y esperar a que me abras la puerta.

Mi vida está envuelta en una nebulosa permanente, todo lo que hago a lo largo del día se torna distante y brumoso, como si no lo viviera en primera persona, como un recuerdo con los bordes desgastados y una fina capa blanca y desenfocada  que distorsiona la imagen, con los sentidos adormecidos, en una realidad donde todo sabe a nada y cada suceso se antoja insípido. Todos mis actos carecen de importancia y son prescindibles, todos menos aquellos que suceden una vez has abierto la puerta y te tengo a mi lado, entonces la realidad se enfoca, la niebla se aleja, los sentidos resucitan y puedo saborear con nitidez lo que llevo todo el día deseando.

Así que si me preguntas que por qué estoy seguro de estar enamorado de ti, es por esto, porque nada tiene importancia sino estoy a tu lado.

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Oct-12-2008

AMORICIDIO

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Nunca, hasta ese momento, había sentido esa dominante sensación de debilidad. Sentía como perdía el control de su vida cuando sus decisiones dejaban de afectar solo a su destino, sus actos ya no correspondían a sus deseos y se obligaba a medir primero sus consecuencias, sus palabras brotaban sin orden ni censura de su boca, haciendo gala de una sinceridad que ponía en peligro sus más profundos miedos, sus ojos ya no guardaban con la seguridad de antaño sus mentiras y descubrían todas sus emociones bajo una fina y acuosa película de sinceridad, su corazón latía desordenado con la convicción de sentirse más vivo y menos estancado en la rutina del latir, su cuerpo sufría el síndrome de abstinencia cuando permanecía separado de ella más de la cuenta y justificaba su desesperación con cualquier acto que acercara a cada parte de él, hasta el siguiente chute de su ser.

Se había enamorado, había perdido el control. Se sentía más vivo pero más inseguro, más expuesto. Era feliz y por ello, estaba terriblemente asustado.

Tenía miedo, por primera vez se sentía capaz de quitarse la vida por alguien ajeno a todos sus yoes.

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Abr-22-2008

LA TERCERA LÍNEA

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La gente “normal” y aquí me permito generalizar, suele mantener, en una conversación, un mínimo de tres líneas de pensamiento (excluyendo al funcionario en horas de trabajo).

La primera línea de pensamiento es aquella con la que desarrolla un discurso, lo que ha de decir, como ha de contestar, la información directa que va a suministrar al interlocutor.

La segunda línea de pensamiento agrupa a todas las ideas verdaderas, aquellas en las que cree pero que tras analizar su riesgo de uso para evitar conflictos, prejuicios o malestar del interlocutor, quedan filtradas y pasan a la primera línea de pensamiento, la que esconde nuestra verdad a la perfección.

Por último está la tercera línea de pensamiento, y en esa, en esa entras tú.

La tercera línea de pensamiento es aquella que me destroza cada vez que hablo contigo, que me cuesta dominar y filtrar y que sólo queda soterrada tras las otras líneas por acto y gracia del miedo.

La tercera línea es aquella que me abruma con ideas circulares sin principio ni final, ideas que marean el corazón y desorientan a la razón, que orbitan constantemente sobre un núcleo tan poderoso como irracional, la idea central de tenerte entre mis brazos, acariciarte, besarte, desnudarte, susurrarte cuanto te deseo y hacerte el amor hasta que mi universo estalle en un orgasmo desproporcionado, un big bang sexual, polvo de estrellas desde el que se formará un nuevo universo, un universo compartido.

Pero esa es la tercera línea, la que nunca descubrirás, seguiré viéndote de lejos y hablando contigo por teléfono, seguiré echando de menos tenerte entre mis brazos y entrar en ti, provocar esa explosión anhelada y orbitar sobre tu cuerpo atraído por la superficie de tu piel.

Hoy sonará el teléfono, otra vez, y yo volveré a darme cuenta, descubriré que todavía no estoy preparado para conquistar el espacio de tu ser.

Firmado: Un astronauta mental claustrofóbico.

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Abr-9-2008

ENTRE TEJADOS

Ilustracion de Jonathan Farr

 

Cada noche me elevo sobre los tejados de la ciudad, agudizando el oído para poder escuchar tu maullido, con la esperanza de ver tu hábil sombra sorteando cornisas y chimeneas, moviéndote sigilosa entre tinieblas, deslizándote por cables y barandillas, saltando rauda y sin esfuerzo entre tejados, entretejiendo la trampa de tu próxima victima, con la convicción de ser la más hábil depredadora de la ciudad, ahuyentando con tus acrobacias a los miedos y vértigos que se interponen en tu trayectoria, caminando, saltando y desplazándote con la elegancia felina de una heroína, como una droga en movimiento que me impulsa a buscarte cada noche y a pensarte cada día. Te escurres entre las sombras mientras yo clavo mis ojos sobre los techos, suelos y paredes, buscando en vano ver dibujada en ellas tu adictiva silueta, soñando que tus ojos miren a los míos y me iluminen en mi soledad, sacándome de mi rutinaria oscuridad, esperando a precipitarme hacia ti desde el vacío cuando te vuelva a encontrar.

Sigo a la espera de que me hagas una señal para saltar.

 

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Mar-24-2008

LA COINCIDENCIA

Sólo estoy esperando a que llegue esa coincidencia que haga chocar nuestros destinos. Salgo cada día y me expongo a la probabilidad de la fortuna, ansioso e inquieto me deslizo por lugares y observo con descaro mil rostros que no me dicen nada.

Cada lugar me permite imaginar la situación que enfrente a nuestras miradas. Quizás en la cola de un supermercado, ayudandote a recoger el lineal de pasta que se ha caído a tus pies,o en el autobus, poniendo lo que te falta en un descuido de tu cartera, o en un probador de una tienda chocando nuestras cabezas y construyendo, sobre una disculpa, un destino entrelazado.

Camino con mi esperanza guardada en el bolsillo por calles, tiendas, bibliotecas, cafeterías, centros comerciales, museos, cines, tiendas de música, conciertos. No te encuentro, no coincido con la coincidencia que junte nuestras vidas en un sólo camino, pero tampoco me rindo, estás escrita en mi destino.

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Mar-1-2008

DIGAMOS QUE

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Digamos que has vuelto a recoger tus cosas para terminar de irte del todo, como me dijiste que ibas hacer aquel día de Enero que se desató la tormenta.

Digamos que la casualidad me devuelve a mí también a nuestra ciudad, aquella que dejó de ser en el momento que nos separamos, como si hubiera sido construida sólo para servir de mágico escenario de todos aquellos momentos.

Digamos que nos volvemos a ver en una calle, en una noche calurosa de Junio en la que caminamos en sentidos opuestos, que nos vamos acercando y nos miramos y que, a dos palmos el uno del otro, nos reconocemos, que nos acercamos sin hablarnos y que, con un movimiento lento y suave, te empujo contra la fachada del edificio agarrándote por la cintura.

Digamos que no es fachada sino puerta y que esta se abre y nos esconde en un portal en el qué solo tu respiración me orienta en la oscuridad, que empiezas a jadear nerviosa y que yo te callo con un beso, que te agarras a la barandilla de la escalera mientras te beso, que me deslizo poco a poco de tus labios a tu pecho, que me paro a saborear cada uno de tus latidos que retumban en la punta de mi lengua.

Digamos que me dejo llevar por la gravedad y bajo hasta tu falda, que con una de mis manos alzo la prenda mientras con la otra siento el tacto de tus muslos, que despacio y con la boca, me deshago de toda tu ropa y te visto con mi lengua mientras te agarras con fuerza a la barandilla para no caer al suelo.

Digamos que al final cedes y te sueltas, sabiendo que una vez que llegues al suelo ya no habrá oportunidad de volverte a levantar, digamos que en realidad es lo que quieres y que mientras me desnudas, me marcas la piel con cada una de tus uñas para hacerme saber que el juego ha comenzado, que esto no es un sueño, que por fin he recuperado aquello que tanto había anhelado.

Digamos que después de docenas de minutos de juegos, lametones, mordiscos y caricias, practicamos el sexo más salvaje que jamás hayamos tenido, que al final del juego ninguno habrá perdido, no habra ganadores ni vencidos, sólo dos cuerpos exhaustos apoyados en el tercer escalón de un portal que nos ha dejado volver a entrar.

Digamos que sucede así, sería un bonita forma de decirnos, hola, te he echado de menos, ¿qué tal has llegado?

(Te extraño, y eso que aún no te he encontrado)

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Feb-12-2008

DE DIÁLOGOS, PENSAMIENTOS Y TAZAS DE CAFÉ

Hace cosa de tres meses que no sé nada de ella. Suficiente tiempo para haber reconstruido mi vida y conseguido la parcial cicatrización de casi todas mis heridas. No es el caso, todavía supuran tristeza y melancolía de vez en cuando.

Camino con Susana, mi nueva novia tapa-heridas, el cruel egoísmo del que hago gala últimamente me ha llevado a buscar un placebo que calme mi dolor. Disfruto de la postal que me ofrece la calle empedrada, acompañada de un cielo gris que ilumina a duras penas las fachadas victorianas de las casas que se apostan con belleza irregular a los lados de la calle.

A paso lento y abrazado a Susana, mi olfato se colapsa con el aroma a tierra mojada y humedad mezclado con un perfume femenino que no quiero, sólo soporto.

De repente, como si estuviera frente a un espejo, veo como dos figuras humanas en la misma posición y con el mismo ritmo caminan hacia nosotros. Una de ellas es “ella”, la de las heridas, la del perfume que quiero.

Ante la imposibilidad de evitarnos, nos resignamos con la mirada ha pararnos y saludar. La mala fortuna quiere darnos un escarmiento añadido y nos ofrece el reencuentro de dos viejos amigos de escuela, nuestros insoportables acompañantes.

Mientras ellos se abrazan y ponen al día sus grises existencias, ella y yo nos damos dos besos dolorosos y nos miramos con una sonrisa bajo la que se esconde nuestro nefasto pasado.

- ¿Qué tal estás?

- Muy bien, genial diría yo…

- (Por favor, genial dice, nadie puede estar genial si va acompañado de ese encefalograma plano, ¿no podría al menos tener un tono de voz menos estridente?) Me alegro tía, parece que hace siglos que no nos vemos, no?

- (Sé que me recuerdas cada noche cabrón, no hace falta que me restriegues tu falso olvido por la cara) Si, hace tiempo la verdad, pero bueno, no te noto muy cambiado. ¿Tú sigues como siempre, no?

- (Ese preguntita y ese “no?” sobraban, como sabe por donde hacerme daño) Por fuera si, no he cambiado mucho, pero la verdad es que me encuentro fenomenal, han cambiado un par de cosas en mi vida y ahora todo me va mucho mejor.

- (Si, claro, conmigo compartiste tus días grises ya, además a poco que indague seguro que me echas la culpa de todo aquello, nunca serás capaz de aceptar tus errores). Si ya veo… que hasta tienes novia, muy guapa por cierto (aunque la pobre no tenga muy claro como combinar la ropa para no dañarme los ojos).

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Feb-11-2008

ORDEN ALEATORIO

Abro la carpeta de música de mi ordenador, escojo al azar cincuenta y nueve canciones con un movimiento de ratón y activo el orden aleatorio del reproductor. De repente, como una flecha envenenada, los acordes de una canción atraviesan mi corazón con la furia implacable de tu recuerdo y me dejan “ko” frente al teclado, regocijándose en el dolor de tu memoria, en la deuda de mis sentimientos hacia los tuyos, en aquel pesado pasado que cae sobre mi como una losa de plomo y me mantiene durante tres minutos y cincuenta y tres segundos en el dañino recuerdo de mis vivencias a tu lado, no contigo, sino a tu lado, jamás capaz de entrar del todo en tu corazón, como lo hiciste tú, como lo haces ahora a través de este asesino estribillo que me revienta por dentro. Por suerte la canción tiene un principio y por desgracia,  un final que nunca terminara de cicatrizar.

Publicado en Paisajes Sonoros, A Pulmón Abierto |