Archive for the ‘Cigarros por Etapas’ Category

Jun-2-2008

V - LA ÚLTIMA CENA

I - Antes de Todo               II - Jimmi Bugs            III - Los Chicos               IV - La Reunión

 

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Cuando salí de la fábrica y Tommy el soplón arrancó el coche, entré en un estado de pánico absoluto. Jimmi lo tenía claro, los chicos lo tenían claro y yo, la persona encargada de que este delirio de grandeza terminara con éxito, estaba completamente confuso, aterrorizado, atenazado por el miedo que te da la certeza de creer que todo aquello era imposible. No obstante, por fuera mantenía una calma absoluta, una pose de convicción y seguridad que no alertara a los chicos que iban conmigo en el coche, entraba en todas aquellas conversaciones estúpidas sobre el tamaño de las tetas más adecuado,  las mofas a Tommy el soplón por ser el único de la familia que no se había cepillado a Winnie Taylor, o en por qué Danny Lehman no había sido capaz de pasar de la tercera base en un partido en toda la puta temporada.

- Eso es que se folló a la buena de Winnie, soltó Wilkinson, y todos nos desahogamos en una sonora carcajada.

Los chicos me dejaron en el restaurante de Jimmi y, entre bromas sobre el tamaño de mi aguijón, se fueron chirriando ruedas calle arriba en busca de un poco de diversión. Tenían la seguridad de que aquella noche sería la última en mucho tiempo en la que podrían pasárselo bien sin temor a recibir un balazo entre ceja y ceja. En el fondo les envidiaba, hacía tiempo que no disfrutaba de una de aquellas noches de juerga con ellos.

Entré en el restaurante y agradecí que Jimmi estuviera en el norte de la ciudad cuidando de su madre, que cayó enferma el mismo día que probé su deliciosa salsa y Jimmi puso patas arriba mi realidad. Agradecí aún más que Julie estuviera esa noche de encargada de la barra, que estuviera allí, que fuera ella la que me sirviera las copas y pudiéramos mantener una conversación, quizá la última en mucho tiempo “tengo la sensación de que hoy es la última vez de demasiadas cosas”, pensé mientras me acomodaba el taburete y sacaba la pitillera del bolsillo izquierdo de la chaqueta. Desde que Jamie Cash salvó el pellejo tras impactarle una bala a la altura del corazón y rebotar en su  pitillera, los chicos y yo teníamos como norma sagrada llevarla en el bolsillo izquierdo. Bueno, todos menos Turner, que decía que su petaca de Whisky sería mucho más efectiva en caso de que su corazón se cruzara en la trayectoria de una bala pérdida.

- Buenas noches caballero, ¿en qué puedo servirle?

- Esta noche se me ocurren algunas posibilidades, pero creo que para empezar no estaría de más que me sirvieras lo de siempre, tengo el gaznate tan seco como las ideas.

- Vaya, así que Toni no tiene ideas esta noche, algo gordo debe estar pasando para que el cerebro de la familia decida ahogar sus vacíos en el mejor Bourbon de la ciudad.

Lo mejor de Julie no es que fuera la mujer más bella de la ciudad, lo mejor de Julie era su velocidad mental, su aguda ironía, la forma en la que desmontaba a cualquiera con su mirada, su seguridad, su apabullante inteligencia, aquellas muecas que hacían enloquecer a mi razón y la ternura con la que me miraba cada vez que yo necesitaba un abrazo y sólo recibía palos de  Bugs. Era, simplemente, mi mujer perfecta. - Créeme, si te contara en que estoy metido acabarías tomándote varias de estas conmigo, te libra el que tengas que atender al resto de borrachos de la barra- Julie me guiño un ojo y sonrió, pero dejó escapar un atisbo de preocupación por sus ojos - Ahora vuelvo Toni, no tardo nada, voy a coger algo de la cocina para comer, no puedes estar sin probar bocado el resto de tu vida.

Julie se alejó contoneándose como sólo ella sabe o sólo yo aprecio, saqué un cigarro de la pitillera para encenderlo con el que tenía apunto de apagarse en la boca. Julie tenía razón, aparte de aquellos espaguettis que me ofreció Jimmi, no conseguía recordar si había comido algo en estos días. “Es increíble como un hombre puede alimentarse durante días tan solo con sus preocupaciones”. Apuré el último trago antes de que Julie apareciera por el otro lado de la barra con un plato humeante de Rissotto y una generosa hogaza de pan.

- Si que tengo que tener mala cara, si Jimmi supiera que me estas dando de comer su Rissotto acabarías teniendo problemas cariño.

- Mi padre sabe bien que en este bar yo soy la que manda y él es el que aparenta mandar, anda, cómete eso mientras atiendo a las últimas mesas, tú y yo tenemos una conversación que comenzar.

- Y que terminar.

- Entre nosotros nunca se termina nada Toni, ya lo sabes. Julie se despidió con una sonrisa que escondía la misma proporción de amargura, que de culpa y resentimiento.

Mientras terminaba el plato de Rissotto,  liquidaba el final de mi quinta copa de la noche y me disponía a encender mi cuarto cigarro, Julie se dirigía a la puerta, daba la vuelta al cartel de Abierto, echaba la llave y apagaba la luz de la entrada. - Bueno Toni, hablemos, tienes mucho que explicar.

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Jun-2-2008

IV - LA REUNIÓN

I - Antes de Todo                            II - Jimmi Bugs                            III - Los Chicos

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Los muchachos no daban crédito a lo que acababan de escuchar, intenté utilizar las mismas palabras de Jimmi, pero estaba claro que no tenía ni la convicción, ni la devoción suficiente por esos putos bichos que él tanto amaba. Billy y Wilkinson fueron los primeros en cuchichear en el grupo, Hammer y Gift se limitaron a mirarse el uno al otro y a volver a girar la cabeza hacia mí, completamente convencidos de que fuera cual fuera se destino, lo acatarían sin más, aún así, se les notaba más inquietos de lo normal. Los chicos del correo de Bugs se miraban y compartían, con la complicidad que les caracterizaba, el miedo que los tenía atenazados, no eran malos chicos y tendrían que empezar a serlo desde el día de mañana. Esto suponía algo más complicado que reventar el mobiliario de unos cuantos pobres diablos ahogados por las deudas. Pronto se formó un casi inapreciable rumor, el único que no movió un solo músculo de su ser fue Jamie Cash, que seguía atravesándome con su mirada muerta.

- A ver chicos, atenderme un momento, olvidar la gilipollez que acabo de contaros de los escorpiones y las putas arañas saltarinas, ¿de acuerdo? - necesitaba un golpe de efecto, no me hubiera permitido esa licencia de estar Jimmi en la fábrica, pero no era el caso y, en ese preciso momento, era el único que podía decirles lo que necesitaban escuchar, fuera o no fuera la verdad. - La historia es esta - tragué saliva y me dispuse a hablar con el tono de voz más firme y convincente que pudiera salir de mi boca en ese momento - Jimmi lo quiere todo, quiere la ciudad, quiere el control total de todas las actividades criminales, quiere vengar a su hermano y quiere que cada uno de nosotros se quede con una sustancial parte del pastel una vez hayamos liquidado a los demás. Conseguido esto, cada uno de nosotros podrá decidir que es lo que quiere, las apuestas, el control de la prostitución, los impuestos de protección, las armas, las drogas, el peaje de mercancía, lo que queráis. Cada uno de vosotros tiene unas habilidades que se ajustan más a uno u otro negocio, pero la elección dependerá de vosotros y por supuesto, de lo que Jimmi crea más conveniente para cada uno.

El silencio inundó la atmósfera y los muchachos se limitaron a quedarse con la mirada vaga y el pensamiento bloqueado por sus ambiciones y sueños, acababa de ofrecerles mucho más de lo que hubieran soñado jamás, y muy probablemente de lo que Jimmi estaría dispuesto a ofrecerles una vez hubieramos ganado esta guerra suicida. - ¿Qué queréis que os diga, que vamos a salir todos vivos de está?,¿Qué la cosa será como coser y cantar?, ¿Qué no va a ser duro?, ¿qué tenemos todas las de ganar?, ¿Qué podéis decir que no si queréis y salir por esa puerta sin más obligación que la de huir del destino de la banda?,me encantaría chicos,  os juro que me encantaría que fuera así, pero sabéis que somos lo que somos gracias a Jimmi, que nos está pidiendo un último esfuerzo y que, después de esto, si sabemos jugar bien nuestras cartas, la partida estará ganada para el resto de nuestras vidas. Teneís poco tiempo para pensarlo.-Jamie Cash me miró y cambió la expresión de la cara, hubiera jurado que aquello era una sonrisa, hubiera jurado que aquel cabrón estaba encantado con nuestro  nuevo destino.

 

 

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May-21-2008

III - LOS CHICOS

Tommy El Soplón cogió hacia la izquierda en River Street y voló con su Pontiac sobre el puente de Lackson hasta la vieja fábrica de cartón, donde teníamos nuestra base de operaciones. Todos los chicos habían sido avisados de la importancia de la reunión y a nadie le atraía la idea de que Jimmi se enterara de su ausencia. Era la primera vez en nueve meses que nos volvíamos a reunir todos los muchachos, desde aquella última batida en busca de los asesinos del hermano de Jimmi. Cuando ese recuerdo vino a mi cabeza no pude sino relacionar todo lo que iba a suceder con aquel fatídico suceso. Pensado friamente, era la forma lógica de actuar de Jimmi Bugs, “si no se quien es el culpable, todos sois culpables”. Para él no existía la presunción de inocencia.

Después de la conversación del día anterior con Jimmi, salí disparado hacía el puente de Lackson donde tantas veces había estado antes para deshacerme de mis trabajos. Durante toda la noche y acompañado por una botella de whisky y mi pitillera, ideé el plan que pudiera sacarnos con vida de la masacre que se avecinaba. Al final de la noche llegué a dilucidar la que sería nuestra victoria, pero quizá fue sólo una imagen fruto del cansancio y de la cantidad de alcohol que me mantenía en un continuo estado de euforia y ensoñación. Hoy era el gran día, le explicaría la situación a los muchachos y  mañana comenzarían a silbar las primeras balas.

 

Los últimos en llegar fueron Hammer y Gift, siempre embutidos en sus gabardinas grises aunque el sol despellajara las piedras y siempre con la mirada escondida bajo sus sombreros de ala, las manos en los bolsillos y un andar idéntico y amenazador. Parecían mellizos en actitud y movimiento, solo diferenciados porque el sombrero de Hammer llegaba a la altura del pecho de Gift y su cinturón siempre tenía añadidos dos o tres agujeros extras para soportar su enfermiza adicción a los donuts de su pastelería favorita en Springer Avenue. Llegaban a resultar cómicos cuando caminaban juntos, no tan cómica resultaba su facilidad para desenfundar las recortadas y llenarte de pólvora el estómago a la menor mofa que percibieran. Sólo Jimmi se atrevió una vez ha reirse de ellos, “ese asunto es cosa de Abott y Costello” dijo, Hammer llegó a hacer el amago de buscar la pistola pero su orgullo no pudo más que la certeza de saberse muerto antes siquiera de volver a pestañear si lo intentaba.

 

- Bien muchachos, parece que estamos todos.- Odiaba tener que ser yo el que les anunciara su más que posible muerte. Hammer y Gift se acomodaron al final de la sala, un poco distanciados de todos los demás, como siempre. En primera fila estaban Manny , Tommy Jr, Lapaglia y Tourneu. Siempre iban juntos quemando rueda y destrozando todos los locales en los que entraban, eran jovenes y ruidosos, “el correo de Bugs”. Se encargaban de hacer llegar los mensajes adecuadamente a los deudores de Jimmi. En el fondo eran buenos chicos y casi nunca golpeaban a las personas, eso si, todo lo que estuviera alrededor susceptible de romperse, a buen seguro acabaría destrozado.

 

En segunda fila apuraba su cigarro “Gunnie” Wilson, conocido por disparar antes de desenfundar el arma. Probablemente fuera porque en cualquier recoveco de su cuerpo se encontraba a la espera de entrar en acción una de las tantas Colt que llevaba encima. Antes de que te dieras cuenta podía firmar tu cuerpo con una docena de balazos. Jimmi lo utilizaba en las reuniones en las que una palabra mal entendida podía acabar en un sangriento tiroteo. A su lado Adam Garlic, el mejor conductor de la zona Este de la ciudad, una vía de escape segura cuando la poli te pisa los talones. Su apodo lo decía todo, conducía como los ángeles, pero le olía el aliento a demonios. Varias veces se llegó a las manos por ver a quien le tocaba sentarse de copiloto.

 

Separados a una distancia prudencial del bueno de Adam, Billy Lenguas y Wilkinson chascarreaban algo sobre alguno de los presentes. Son el alma de la banda, nunca pierden los nervios y les encanta dialogar, de hecho nos marean a todos con su filosofía barata de barrio y de libro de bolsillo. Billy ha sido el único de los nuestros que, después de un interrogatorio de tres horas de nuestros Abott y Costello, en el que usaron todas las herramientas necesarias para hacer cantar a un mudo, consiguió hablar con lo que quedaba de aquel desgraciado y sacarle la información, “solo necesitaba a alguien que le escuchara” le espetó a Jimmi mientras escribía el nombre de mi próxima víctima en una servilleta.

 

En último término, Jamie Cash, con el rictus impasible y la mirada perdida más allá de mi posición, atravesándome, como solía mirar a todos los que se dirigían a él. Jamie fue, antes de llegar yo, la mano derecha de Jimmi Bugs, un hombre frío y calculador que llevaba a cabo cualquier trabajo de manera impecable y sin cometer un solo error. El mejor asesino que mis jovenes ojos habían visto trabajar jamás. Realmente le admiraba y no tenía muy claro si él también lo hacía o simplemente me odiaba o, finalmente, ni siquiera reparaba en mi existencia y para él solo era una máquina que expedía órdenes concretas. Sin duda, perderlo a él sería como perder esta guerra antes de haberla comenzado.

Eramos trece, la banda más pequeña que operaba en la ciudad pero con el territorio más grande, un trozo de pastel suculento que ya habían intentado comerse otras bandas antes y jamás pudieron. Una a una podíamos con todas ellas, pero esta vez era diferente, ibamos a por todas, a la primera la cogeríamos por sorpresa, la segunda no se lo esperaría pero estaría alerta. A partir de ahí ibamos a sufrir ataques por todos los flancos, de todos ellos, seríamos aniquilados por aquellas putas arañas llenas de odio y pólvora para repartir. Mi única responsabilidad era hacer ver a los chicos que nuestros aguijones acabarían con ellos antes de ser acribillados.

- Muy bien chicos… ¿habéis oído hablar de la araña gigante de As Asham?

Necesitaba urgentemente un plan.

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I - Antes de Todo

II - Jimmi Bugs

 

Publicado en Cigarros por Etapas |
May-19-2008

II - JIMMI “BUGS”

 

- Siéntate Toni - Jimmi me dijo esto mientras con una mano acariciaba al escorpión que tenía en su regazo y con la otra indicaba a la camarera que le pusiera otra copa.

- Gracias Jimmi, el trabajo ya está hecho. - no me senté frente a él, sino en la silla que estaba a su izquierda, tampoco le miré a los ojos, no era buena idea mirar a Jimmi antes de que él lo hiciera. Peor idea era ponerse frente a él, desconfiaba de las partes del cuerpo que no estaban en su ángulo de visión. Todavía no había levantado la vista, seguía con ella perdida en su nuevo juguete mortal, dilucidando quizá las diversiones que aquel bicho le podría ofrecer en un futuro.

- Es un gusto trabajar con profesionales como tú Toni, ¿quieres tomar algo, una copa tal vez?, perfecto, ¡Julie! tráele un bourbón al chico que tiene el gaznate seco. ¿Quieres comer algo?, claro que si chico, tráele también un plato de pasta Julie, que sea generoso y este cubierto de esa exquisita salsa que ha preparado mi madre. Chico, vas a tocar el cielo cuando pruebes eso, te lo aseguro, mi madre es tan buena con los fogones como yo con los negocios. - Jimmi Bugs no era muy amigo de las conversaciones, pero manejaba los monólogos con gran habilidad. Por lo general, ninguno de nosotros llegaba a articular más de cuatro frases en una conversación, tenía la capacidad de preguntarse y contestarse, no se trataba de que querías o pensabas, se trataba de que debías querer o pensar mientras trabajaras para él - Así que has hecho bien tu trabajo chico.

Alzó la cabeza por primera vez para clavar su mirada en mi rostro hasta que cedí y levanté los ojos -Escúchame bien chico, ¿ves este bello ejemplar que tengo aquí? se trata del único enemigo de la araña gigante del desierto de As Sham, en Irak, ¿sabes de qué hablo?, es uno de los desiertos con las condiciones climatológicas más duras, durante el día sus temperaturas derretirían los estúpidos flequillos engominados que lleváis ahora los chicos de la ciudad. Bajo la arena de As Sham viven dos especies que son enemigas íntimas. La araña gigante del desierto, del tamaño de la cabeza de Luca “bullhead” y el escorpión negro que tengo entre mis manos. - Jimmi se sirvió otro trago de whisky, alzó el vaso y se humedeció los labios, era su forma de beber, podía tirarse una noche humedeciéndose los labios con una botella de whisky de 300 dólares. Llegó mi plato de comida y sin mediar palabra ni quitar un mínimo de atención a Jimmi, comencé a comerme los espaguetis. Jimmi estaba en lo cierto, aquella salsa era sublime. Julie también estaba especialmente buena esa noche, le dediqué una mirada de gratitud y volví la vista hacia Jimmi.

 

- Resulta que las arañas gigantes ganan en número, fuerza y velocidad a mi amigo el escorpión. - Jimmi paró para acariciar a su criatura y humedecerse los labios una vez más. - Como te iba diciendo, multiplican por cuatro en número a los escorpiones, llegan a correr a 20 Km /h y son capaces de saltar hasta un metro de altura. Además emiten un escalofriante chillido que rompe con el ensordecedor silencio del desierto. Su única debilidad es que son criaturas nocturnas, odian la luz del sol y de día sólo se mueven si perciben una vibración cercana de algún animal que pueda ofrecerles un poco de sombra. Imagina estar caminando por el desierto y ver salir a ese horrible insecto gigante corriendo hacia ti y gritando por un poco de sombra. Rara vez muerden y te inyectan Novocaína, de ser así, quedas inmediatamente atontado y comienzan a devorarte hasta dejar tus huesos libres de cualquier rastro de carne.

Tuve que hacer verdaderos esfuerzos para seguir comiéndome aquellos deliciosos espaguetis, no comerlos sería ofender no sólo a Jimmi, sino a su madre. Tommy Little comentó un día que la sopa que había preparado la madre de Jimmi estaba sosa. Fue lo último que comentó en toda su vida, Jimmi le cortó la lengua con un cuchillo de cocina y Tommy pasó a llamarse Tommy el soplón.

Jimmi siguió con su inquietante exposición.

- Por otro lado están los escorpiones, ni tan rápidos, ni tan imponentes, ni tan hábiles, pero con una inteligencia inusual y un veneno mortal. Aprovechan la luz del día para posicionarse en el desierto y por sorpresa, aniquilar colonias enteras de arañas gigantes. Un sólo picotazo con este aguijón y tu cuerpo se convulsionará y apagará en la más dolorosa de las muertes conocidas.

 

Gracias a Dios había terminado el plato de espaguetis, estaba un poco revuelto, ya no sólo por lo repugnante de la exposición de Jimmi, sino por que sabía que toda aquella información tenía algún oscuro objetivo que el demente de Bugs llevaba tiempo moldeando en su psicótica cabeza.

- Pues bien Toni, yo soy un escorpión, el puto rey escorpión, y vosotros, mi familia, sois mi colonia, pequeña pero mortal y mucho más inteligente que todas las demás. - Decidí tomarme la copa de un trago para poder digerir lo que se avecinaba, Jimmi producía en mí un terror tan intenso como atractivo. Mire como Julie se movía graciosamente entre las mesas del restaurante y en cuanto se percató de mi mirada, me guiñó un ojo. Mi segunda copa estaba en camino. - Y te preguntarás, ¿quienes son las arañas gigantes? buena pregunta Toni, eres un chico listo, por eso estas a mi lado. Las arañas están por todos lados, nos cruzamos con ellas a diario y ya han matado a alguno de los nuestros como bien sabes. -Jimmi permaneció unos segundos pensativo- Hacen sus sucios negocios de noche y se están expandiendo como la peste por toda la ciudad, hay que eliminar una a una a todas las colonias Toni, a los mexicanos, a los polacos, a los italianos del Oeste, a los búlgaros de Kimball Park, a los colombianos del puente Lackson, a todos Toni , a todos.  - Mientras decía esto último, a Jimmi parecía que se le iban a salir las órbitas de los ojos, masticaba con furia cada palabra que decía y en sus ojos brillaba la más dulce y fría de las venganzas.

Guerra abierta en la ciudad, la colonia de escorpiones iba a comenzar una limpieza suicida, mi nombre volvería a ser sinónimo de defunción y la posibilidad de tener una vida tranquila al lado de Julie se esfumaría con cada nueva bala disparada y  cada nuevo cadáver a mis espaldas. Eso si conseguía salir vivo de la primera noche, como bien decía Jimmi, aquellas bandas eran jodidas arañas gigantes, tenían más armas, más hombres, más material, más policías sobornados, más soplones. Lo más extraño era que me sentía cojonudamente bien bajo la piel de un escorpión.

 

- Entendido Jimmi, pondré a todos al corriente y me ocuparé de este tema. - me hizo un gesto con la cabeza que significaba que podía levantarme y que había dicho las palabras correctas, dos frases en una hora, hoy había estado especialmente lúcido en mi conversación. Julie trajo mi copa, yo la miré con una profunda pena, me bebí el bourbon de un trago y me despedí con una mano mientras con la otra recuperaba mi gabardina. Había que empezar a trabajar.

 

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I - Antes de Todo

Publicado en Cigarros por Etapas |
May-14-2008

I - ANTES DE TODO


 

No había cosa que más odiara que unos guantes sucios por culpa de un estúpido oligofrénico compulsivo. Si se hubiera quedado quieto después de amputarle la mano no hubiera manchado mis guantes, ni mi gabardina nueva, ni mi reluciente reloj, que desde el momento en que le rodee en aquel callejón, pasó de su muñeca a la mía.

Me dirigí en el Cadillac hasta el puente de Malest Creek y lancé a aquel idiota al río desde una altura de más de doce metros. Casi no pude escuchar el crujido de su cuerpo contra el agua. Gracias a dios no tuve que ponerle un peso al cuerpo para que se hundiera con el resto de mis viejos amigos, esta vez debería ser encontrado como aviso a todos aquellos que molestaban a Jimmi "Bugs". Con suerte los productos químicos que a diario desechaban las fábricas del otro lado del río habrían limpiado todo rastro de mi actividad nocturna durante los últimos años. De no ser así, aquel fondo se antojaba como un impecable currículum de mi trabajo para Jimmi.

Entré en nómina hace ya dos años, siendo un chaval que se manejaba con soltura en los suburbios del Este de la ciudad. En aquella época mis ansias por ser el dueño de las ocho calles perpendiculares y ocho paralelas perfectamente cuadradas en las que operaba mi banda, acabaron por meterme en más de un problema con la policía. La única manera de salir de aquella encrucijada con barrotes fue dar el nombre de algunos de mis mejores proveedores. Cuando salí a la calle, mi integridad se transformó en una quimera, mi caza y captura en el objetivo de los individuos más peligrosos de la ciudad y mi cuerpo cosido a balazos en el sueño de unos pocos que mandaban sobre otros muchos.

Jimmi fue el único que, por compasión o por una apuesta personal sobre mis habilidades, decidió ofrecerme su protección, y cuando Jimmi protege a alguien, las balas no vuelven a apuntar sobre su cabeza. O eso era lo que yo pensaba.

Como muestra de gratitud, puse todo mi talento criminal a su disposición y en poco tiempo me convertí en la mano derecha de Jimmi Bugs. Le llamaban Bugs (insecto) por el amor que profesaba a todas aquellas criaturas asquerosas a las que adoraba y alimentaba en el enorme terrario que separaba el restaurante familiar de "su oficina".

continuará…

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