V - LA ÚLTIMA CENA
I - Antes de Todo II - Jimmi Bugs III - Los Chicos IV - La Reunión

Cuando salí de la fábrica y Tommy el soplón arrancó el coche, entré en un estado de pánico absoluto. Jimmi lo tenía claro, los chicos lo tenían claro y yo, la persona encargada de que este delirio de grandeza terminara con éxito, estaba completamente confuso, aterrorizado, atenazado por el miedo que te da la certeza de creer que todo aquello era imposible. No obstante, por fuera mantenía una calma absoluta, una pose de convicción y seguridad que no alertara a los chicos que iban conmigo en el coche, entraba en todas aquellas conversaciones estúpidas sobre el tamaño de las tetas más adecuado, las mofas a Tommy el soplón por ser el único de la familia que no se había cepillado a Winnie Taylor, o en por qué Danny Lehman no había sido capaz de pasar de la tercera base en un partido en toda la puta temporada.
- Eso es que se folló a la buena de Winnie, soltó Wilkinson, y todos nos desahogamos en una sonora carcajada.
Los chicos me dejaron en el restaurante de Jimmi y, entre bromas sobre el tamaño de mi aguijón, se fueron chirriando ruedas calle arriba en busca de un poco de diversión. Tenían la seguridad de que aquella noche sería la última en mucho tiempo en la que podrían pasárselo bien sin temor a recibir un balazo entre ceja y ceja. En el fondo les envidiaba, hacía tiempo que no disfrutaba de una de aquellas noches de juerga con ellos.
Entré en el restaurante y agradecí que Jimmi estuviera en el norte de la ciudad cuidando de su madre, que cayó enferma el mismo día que probé su deliciosa salsa y Jimmi puso patas arriba mi realidad. Agradecí aún más que Julie estuviera esa noche de encargada de la barra, que estuviera allí, que fuera ella la que me sirviera las copas y pudiéramos mantener una conversación, quizá la última en mucho tiempo “tengo la sensación de que hoy es la última vez de demasiadas cosas”, pensé mientras me acomodaba el taburete y sacaba la pitillera del bolsillo izquierdo de
- Buenas noches caballero, ¿en qué puedo servirle?
- Esta noche se me ocurren algunas posibilidades, pero creo que para empezar no estaría de más que me sirvieras lo de siempre, tengo el gaznate tan seco como las ideas.
- Vaya, así que Toni no tiene ideas esta noche, algo gordo debe estar pasando para que el cerebro de la familia decida ahogar sus vacíos en el mejor Bourbon de la ciudad.
Lo mejor de Julie no es que fuera la mujer más bella de la ciudad, lo mejor de Julie era su velocidad mental, su aguda ironía, la forma en la que desmontaba a cualquiera con su mirada, su seguridad, su apabullante inteligencia, aquellas muecas que hacían enloquecer a mi razón y la ternura con la que me miraba cada vez que yo necesitaba un abrazo y sólo recibía palos de Bugs. Era, simplemente, mi mujer perfecta. - Créeme, si te contara en que estoy metido acabarías tomándote varias de estas conmigo, te libra el que tengas que atender al resto de borrachos de
Julie se alejó contoneándose como sólo ella sabe o sólo yo aprecio, saqué un cigarro de la pitillera para encenderlo con el que tenía apunto de apagarse en
- Si que tengo que tener mala cara, si Jimmi supiera que me estas dando de comer su Rissotto acabarías teniendo problemas cariño.
- Mi padre sabe bien que en este bar yo soy la que manda y él es el que aparenta mandar, anda, cómete eso mientras atiendo a las últimas mesas, tú y yo tenemos una conversación que comenzar.
- Y que terminar.
- Entre nosotros nunca se termina nada Toni, ya lo sabes. Julie se despidió con una sonrisa que escondía la misma proporción de amargura, que de culpa y resentimiento.
Mientras terminaba el plato de Rissotto, liquidaba el final de mi quinta copa de la noche y me disponía a encender mi cuarto cigarro, Julie se dirigía a la puerta, daba la vuelta al cartel de Abierto, echaba la llave y apagaba la luz de la entrada. - Bueno Toni, hablemos, tienes mucho que explicar.


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