Archive for the ‘Descatalogados’ Category

Ago-24-2010

CONCLUSIONES POST-VERANIEGAS

Después de una semana visitando tierras asturianas, he llegado a varias conclusiones, la primera es que sólo en los intervalos de tiempo vacacionales consigo encontrarme con ese “yo” mío que duerme a lo largo del año abrigado por las mil y una ansiedades que completan mi día a día, la mayoría de ellas, todo hay que decirlo, de fácil tratamiento, pero me considero un ser inoperante en lo personal cuando estoy más pendiente de mi productividad laboral (tan triste como cierto).

La segunda es que este reencuentro trae consigo una fatalidad igual de vergonzante, que es la de ponerse metas y objetivos para la vuelta de vacaciones. Embriagado uno como está por ese aire festivo y esa paz interior que ofrecen el descanso y el cambio de rutina, se siente fuerte para imponerse objetivos que en pleno mes de noviembre le provocarían 3 lipotimias y 4 cuadros severos de ansiedad sólo en su fase de planteamiento. Aún así, lo hacemos, algo conscientes de nuestra inconsciencia pasajera nos lanzamos a aventurarnos en empresas futuras tales como dejar de fumar, hacer ejercicio, retomar contactos, dedicar más tiempo a hobbies olvidados, buscar huecos para leer, cuidar más de los amigos, culturizar un poco la rutina diaria, asistir a eventos, conciertos, obras de teatro, escribir un libro, remodelar el cuarto y por qué no, darle un nuevo aire al salón, retomar aquel proyecto personal, y el otro laboral con ese amigo tan emprendedor, formarse un poco más en la profesión, ah y hay que refrescar los idiomas que las series en VOS ayudan pero no hacen milagros. Todo esto con una más que probable jornada partida más horas extras. Que forma de crearse frustraciones futuras.

La tercera es la más demoledora. He de viajar más, estar en ruta me reporta una felicidad inigualable, aún cuando he perdido el tren, cargo con una mochila de mi estatura y dos veces mi peso, me quedan 70 céntimos en la cartera, mi padre no atiende a las llamadas y una señora no para de comentar mis pintas con su amiga zampastelera, aún en esas, siento una felicidad demoledora, el tiempo deja de ser timón de mis acciones, el destino puede ser reescribible sólo con cambiar de arcén, el futuro deja de pesar como una losa y el presente se muestra en todo su esplendor.

La cuarta y definitiva es que, una vez que han pasado 3 horas desde que he vuelto a la oficina, más moreno, más gordo y más pobre, un pensamiento cruje todas las conclusiones anteriores… vaya mierda de invierno que me espera.

(Aún así voy a intentar cumplir con una de aquellas ensoñaciones de verano que trataba de retomar lo que cada vez se parece más a un cadáver).

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Jul-15-2010

ALID

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La calle no existía, se había esfumado por decreto comercial, como había sucedido con cientos de calles en cientos de lugares distintos a lo largo de la historia. Alid no reparaba en aquella tragedia, correteaba divertido hasta lo más alto de la montaña de escombros que se levantaba al principio de la calle. Aquella montaña tenia vida propia y Alid lo sabía. Si se mantenía muy quieto en la cima podía escuchar como rugía enfadada a veces, silbaba por entre las hendiduras de cada una de sus piedras o se acomodaba sobre la superficie de la calle, moviéndose levemente y haciendo rodar algún que otro escombro montaña abajo.

Cuando esto sucedía, Alid acariciaba a la montaña con  sus pequeñas manos, como aquel que intenta consolar a una mascota.

Desde aquella posición, Alid se ponía manos a la obra y empezaba a reconstruir la calle. Al principio centraba todos sus esfuerzos en volver a levantar las estructuras básicas, soplaba con fuerza para mover la gravilla y que esta ocupara los socavones de la carretera, para acto seguido concentrarse en las aceras, el alumbrado, las tuberías, las fuentes, los bancos, las medianas, las señales de tráfico, las papeleras, las cabinas telefónicas, los contenedores de basura, las jardineras y el alcantarillado.

Después ordenaba al  ejercito de árboles que se levantaran y se pusieran en pie  formando a ambos lados de la calle. Algunos estaban impresentables por lo que Alid tenía que recriminarles con dureza para que alzaran sus ramas y colocaran cada hoja en su sitio. Sólo entonces los pájaros volvían a anidar entre sus ramas, agitando sus alas y creando una corriente de aire que se llevaba la triste nube de polvo que aún estaba en suspensión.

Entonces Alid cerraba los ojos con fuerza y levantaba las manos lentamente, cargando con el peso de todas las fachadas derruidas de los edificios. Este era para Alid el trabajo más duro de todos, pero también el más agradecido, ya que las gotas de sudor  que se formaban en su frente caían por entre los escombros, creando un riachuelo que llenaba el caudal del viejo río, consiguiendo a su paso que las plantas volvieran a florecer y los peces aletearan agradecidos con fuerza.

Instaurado el orden de las cosas, las plantas y los animales, Alid ya sólo estaba a un paso de reconstruir su calle. Bajaba de su montaña no sin antes agradecerle la ayuda prestada y después comenzaba a zigzaguear por la calle. Con sus manos iba tocando cada uno de los comercios y portales para que estos encendieran sus luces, conectaran sus electrodomésticos, activaran el resto de maquinaria y abrieran sus puertas de par en par. Los edificios ya estaban en pie, por lo que pronto sus habitantes volverían a renacer en sus camas y a vestirse para salir a trabajar, a comprar o simplemente a pasear por su calle recién reconstruida.

Alid terminaba exhausto cuando llegaba al final de la calle, se sentaba en un banco y miraba hacia atrás para cerciorarse de que todo estaba en su sitio, otras veces había olvidado reconstruir las aceras y los vecinos, al salir de los portales y las puertas, desaparecían entre las grietas.

Alid había hecho un buen trabajo y justo cuando comenzaba a gozar de su triunfo, el suelo comenzaba a temblar y Alid agarraba el manto de carretera con fuerza entre sus manos intentando impotente que esta dejara de moverse y volviera a destruir todo lo que había creado.

Entonces Alid despertaba sobresaltado, asido a la manta que le habían dado en el refugio, con ríos de sudor empapándole la cara, el cuerpo dolorido de dormir sobre los escombros y las manos de su padre acariciándole el pelo, como quien acaricia a un hijo aterrorizado después de un mal despertar para consolarlo.

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May-15-2010

VERDAD VERDADERA

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Abr-16-2010

CON LO FÁCIL QUE ERA ANTES

…y lo díficil que me resulta ahora plasmarlo. Sigo esperando a que las teclas me den una señal para volver a escribir.

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Mar-31-2010

CARTA DE NAVEGACIÓN

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Resulta que desde pequeñito me ha tocado mucho la moral, ya no os digo los huevos, el tema esté de que una vez un ser supremo nos hizo a imagen y semejanza y luego el tema de la costilla, la mujer y la manzana, que nunca me quedó muy claro  el orden y menos después de ver  “Erase una vez el cuerpo humano”. Yo siempre he sido más darwiniano, palabro este que engloba a aquellos que pensamos que el medio único de la evolución es la adaptación al medio, y corriente de pensamiento esta que explica y justifica el porqué algunos seres igual de humanos que los que tenemos acceso a casi todo lo que deseamos, son capaces de sobrevivir con nada de lo que necesitan, más increíble aún, siendo algunos de ellos felices.

Explicaba esto en la primera media hora de metraje, una película que marcó el inicio de los 80, “los dioses deben estar locos”, seguro que habéis oído hablar de ella, una de las tramas giraba en torno a una tribu bosquimana que vivía feliz y aislada, sin conocer el rencor, el odio, ni la ambición, hasta que un buen día un piloto del primer mundo deja caer desde el cielo una botella de coca cola de cristal y los individuos de la tribu aprenden a individuar y ver el mundo desde el egoísmo y la ambición del que quiere algo único sólo para él.

Pero me estoy desviando del bueno de Darwin (en mi imaginario absurdo siempre lo he visto como un abuelo bonachón amigo de los pájaros, que contaba historias que nadie comprendía y era tratado como “el pobre loco del abuelo, que cosas tiene”); decía que me estaba desviando del bueno de Darwin y de su teoría de la evolución y la adaptación al medio, mucho más digna de asimilar por la inteligencia (yo es que a la fe, sólo le doy uso en cuartos de final), que la de la manzana y la costilla. En esa misma película la voz en off o narrador nos expone después de 20 minutos de taparrabos bosquimano, la realidad en el primer mundo y como los que en él vivimos sufrimos la continua tortura de tener que adaptarnos una y otra y otra vez a un nuevo medio con el estrés que ello supone, hasta el punto de justificar la locura y extrañas manías que muchos de nosotros, por no decir todos, sufrimos. Así pasamos del medio casa-familia-mujer-convivencia, al medio metro-bus-coche-carretera-tráfico,  al medio oficina-curro-jefe-responsabilidad, al medio comida-bar-menú-tupper-banco-parque-bordillo-acera, al medio compras-cola-cajero-cola, al medio amigos-bar-cerveza-confesión-chute de felicidad intercalada. Si, es agotador.

Todo esto viene a cuento porque quería hablar de mi nueva situación vital, aquella que me ha llevado desde el pueblo-ciudad más húmedo, familiar y tranquilo de mi mundo conocido, a la capital más inadaptable del planeta. Y así es como cada día que pasa entiendo más al loco de la esquina que hace guardia en el Carrefour del barrio e increpa protegido por los matorrales a todo el que pasa, o al loco del metro que se acerca sigiloso con ojos que miran al infinito y te habla de un tal Fernando y una tal Beatriz que se van a enfadar mucho si se enteran de lo que has hecho, o al loco de la Glorieta de Embajadores que mientras espera su chute, dice vender sus mugrientas zapatillas a 1 € y se pasea descalzo llueva, nieve o haga calor.

Y yo, el loco que camina medio bailando y canta desafinado mientras va al curro a veces los miro y pienso “uff, que miedo acabar así, mientras el que va detrás de mi piensa lo propio mientras me observa un tanto asustado, o ya no, que aquí todo el mundo parece curado de espanto. Y es así que luego llego al curro y me encuentro en una oficina diáfana, con compañeros diáfanos y conversaciones diáfanas y juego a los jefecitos y me llaman al despacho, una pecera de cristal en la que todo se ve y nada se oye y muy, muy pocas veces te dan de comer, donde falta el aire porque es absorbido por el mandamás de turno, que a golpe de pulmón te va ordenando que hagas y deshagas, que cometas y acometas, que pienses y crees, que te encargues y termines.

Y es así que luego salgo aturdido, con la mirada mirando un poco al infinito, como mi amigo el del metro, aún con el ipod encendido orientando mis pasos hacia casa, pensando sin pensar en mí, como un recipiente vacío, una tetilla de rumiante ordeñada hasta la extenuación. Y así es como llego a casa y me meto en mi cuarto, un habitáculo de unos poco creíbles 6 metros cuadrados, me deshago de los ropajes laborales y me tiendo en la cama, medio inconsciente, intentando asimilar tanta mierda diaria, sin saber bien si es que me gusta la mierda o es una simple cuestión de adaptación de mi sistema digestivo y consigo tragar toneladas sin siquiera beber un trago de agua.

No tengo tiempo para más, primera y última vez que escribo desde el curro, esto tenía otro final, uno que aún no había pensado, pero no me queda tiempo y como buen ser humano inadaptado a la adaptación constante, soy adicto a dejar las cosas a la mitad. El título, lo de carta de navegación, venía a cuento por el tema este de adaptarse y orientarse en un mundo tan cambiante, como buen pirata o capitán, que haciendo uso de ella pensaba llegar a las Indias y acabó en las Américas… o más increíble aún… en las Canarias.

(Por cierto, quien iba a decirnos a nosotros lo de Richard Alpert, para mear y no echar gota)

 

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Ene-12-2010

LOS JUBILONAUTAS

Los jubilonautas han llegado para quedarse, armados hasta las prótesis dentales con todo tipo de tecnología artesanal, pretenden inculcarnos su modo de vida tiránico y poco práctico. Un jubilonauta jamás hace una cola, se introduce en ella sin titubear y rompe con el código ético establecido por el resto del personal.

Un jubilonauta no frecuenta lugares en los que el número de decibelios superen las dos cifras, por tanto es difícil verlos en discotecas u otros lugares masificados, no obstante, el jubilonauta siempre lleva a mano un dispositivo electrónico, que se recarga con dos cápsulas metálicas potencialmente contaminantes, con el cual anula su comunicación con el exterior gracias a la ruedecilla volumétrica aislante.

Un jubilonauta tiene la capacidad de bloquear un paso ya de por si complicado por una obra colindante, es frecuente verlos en casi todas las esquinas de Madrid aconsejando sobre el uso correcto de la cementera al personal de obra, o bien departiendo acaloradamente entre ellos sobre el mal endémico que suponen las obras que ellos mismo ralentizan.

Los jubilonautas tienen una capacidad genética que los hace infalibles a la hora de manejar el  tráfico peatonal, gracias a la microvelocidad con la que se desplazan, pueden observar un tapón humano antes de que este suceda y a veinte metros de distancia, señalizan con sus manos el correcto desplazamiento del resto de transeúntes, llegando a increpar entre dientes a los que no hagan caso de sus señales.

Los jubilonautas planean la conquista del universo desde sus puntos estratégicos, bancos repartidos por todas las calles y parques en los que se reúnen para preparar el siguiente golpe. No tienen prisa, juegan con la ventaja de sentirse en la recta final, de saber que algunos caerán pero que pronto serán más en este pais de alta senilidad, de no esperar nada de nadie que no sea la muerte, son valientes, irascibles, bravos, tocapelotas, cansinos, agresivos e impredecibles.

Esta mañana en la panadería de enfrente, dos de ellos me han tendido una emboscada, tras colarse uno e increparle el que aquí escribe, el otro, colocaba el bastón de tal manera que al darme la vuelta mandando a cagar a su compañero de dominó, tropezara y cayera al suelo. Pensé en soltarle una galleta y pisarle la dentadura postiza, pero al final me pudo la compasión hacia el colectivo senil. Ahora desde casa, mientras me chorrea mercromina por la rodilla, pienso en una venganza cruel.

(O me sobra mucho tiempo para pensar o soy el único que se ha dado cuenta del peligro que corre la humanidad)

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Dic-21-2009

BLOQUEO NAVIDEÑO

Diciembre no es un buen mes para la creatividad.

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Oct-16-2009

CAMINO A LA ESTACIÓN

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El otro día caminaba por el retiro con los cascos embutidos en mis orejas y tomando cierta distancia de todo lo que me rodeaba, mirando más hacia la copa de los árboles, que hacia lo que sucedía a ras de suelo, frente a mí, a mi lado o a unos pocos metros, fruto de los encontronazos de aquella marabunta humana con la que me chocaba cada pocos metros, por que si, por que seguía mirando a la copa de los árboles y no caía en la cuenta de que un chaval estaba intentando sisearme la cartera, por que me empeñaba en adivinar que rumbo tomaría aquel pájaro en cuanto se despegara de aquella rama mientras un payaso de maquillaje desteñido intentaba levantar el ánimo en su decimotercera sesión del día, sabedor de que aquellos niños, aquellos malditos y enanos bastardos, estaban ya lo suficientemente cansados como para ser capaces de tirarle abajo la función que representaba su próxima cena.

Luego apagué la música, pero seguí con los cascos cubriéndome las orejas, como si me defendieran de aquel hostil ecosistema, y miraba  como mamá pato estaba a punto de tener un ataque de ansiedad por que sus patitos estaban rodeados por barquitas de imberbes histéricos y sobrehormonados que buscaban cualquier excusa rebelde para inflar su pecho ante La Jenny y luego vi como una ardilla, quizás la última que quede en este parque, escondía su botín en un agujero imperceptible del tronco de un árbol, sabedora de que tenía poco tiempo para prepararse para el invierno y mientras, pasaba por delante de dos  videntes, cada una en su mesa y mirando hacia el cielo: “Va a llover”, “No sé, quizás dentro de dos horas, pero por ahora…”, “antes de lo que piensas”; y ahí estaban, discutiendo sobre sus dos futuros probables mientras como decía, yo pasaba por delante de ellas y confirme que en esta puta ciudad parece que nadie se da cuenta de que el cielo ha cambiado la gama cromática de azules, rojos y violetas, que las copas de los árboles se tiñen de ocres y el suelo de un manto de hojas secas que te anuncia al andar sobre ellas, que es hora de pararse un poco y mirar, de hacer balance y prepararse para el invierno, de decidir a qué rama irás después de esta, de buscar un hueco seguro donde meter lo necesario para pasar el invierno, de cuidar de los que quieres, que serán los que te den calor cuando llegue el frío, en fin, de vivir el otoño, de sentirlo, de caminar hacia él y no pensar que todo sigue igual y que el otoño es, al fin y al cabo, el nombre de otra campaña promocional de El Corte Inglés.

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Ago-7-2009

LA LEYENDA DEL MINITAURO

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Lo más lógico hubiera sido coger todas mis cosas y saltar por la ventana, era un segundo piso así que con un poco de suerte y otro de césped, quizás mi vida gozaría de una segunda oportunidad. No obstante no lo hice, ni siquiera me tapé un poco para no estar totalmente desnudo, ni me coloqué en una esquina con el cuerpo plegado a la espera de recibir mi castigo. Ella seguía en la cama paralizada, desnuda y en una posición antinatura, con su hermoso coño mirándome fijamente y espalda y cuello arqueados hasta que sus ojos miraran, culpables, 180 grados más allá del objeto del delito, que era mi cuerpo, a la víctima, que era su marido.

“¡La culpa es tuya!”, le espeté al individuo alterado, sin saber muy bien si escuchaba o asimilaba aún la humillante escena, “a una diosa has de prestarle siempre las máximas atenciones, o mas temprano que tarde alguien hará las veces de minotauro para embestirla como se debe y llevarla de nuevo al cielo”. Acto seguido y al ver como el iracundo sujeto sacaba una pistola del armario, decidí que era hora de probar el césped y, rarezas del destino, caí sobre un toldo mullido que prologó mi muerte hasta un tiempo futuro, como si mi diosa hubiera extendido hasta allí una mano divina que salvara a su mayor pecado de la muerte para procurarse, como pago de la deuda, otro pedacito de cielo en un tiempo futuro.

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Ene-29-2009

HERIDAS ABIERTAS

Desgraciadamente la mayoría de nosotros viviremos una situación similar, al menos, una vez en la vida. Por que si bien es cierto que siempre se puede volver a empezar, no lo es menos que en el momento que vivimos un despecho de esta magnitud, nos resulta casi imposible pensar en construir un futuro sin esa herida abierta y profunda en el corazón.

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