
Tenía 12 años. Estaba en mi cuarto, ordenando mis revistas especializadas (MAN,Interviú, Primera Linea, …). La explosión hormonal ya estaba en marcha y hacía unos meses que había dejado los soldaditos de plástico y mis grandes batallas onomatopéyicas por el descubrimiento de un nuevo mundo lleno de turgentes formas femeninas, fotos en bikini y subidas de falda en el recreo……
Por el patio de luces de mi edificio oigo una voz en grito clamando mi nombre más allá del cielo. Es mi amigo Toni. Bueno, amigo, digamos que en la infancia los vecinos de tu edificio se mueven en una línea indefinible de amistad que se pierde con el tiempo.
Toni era un personaje, uno de los “fuertes” del colegio. Durante su niñez había recibido palos de todos los colores en el barrio. Era un niño enclenque, bajito y cabezón con una cara de pringado que lo hacía objetivo perfecto para las putadas propias de esas edades. Un buen día el enclenque decidió llenar dos garrafas de agua de 5 litros de arena y unirlas por un palo de escoba, consagrar al invento con el nombre de pesas y empezar a subir y bajar con la rabia de todos los moretones, insultos, escupitajos y ruindades que había sufrido en años anteriores. A los 5 meses el enclenque, bajito y cabezón, se convirtió en un fibroso chaval de 1,70. Fibroso, altito e igual de cabezón. Vamos, un tío para no tener como enemigo. Ahora las putadas las hacía él, y con la rabia acumulada estás eran más crueles y más bestias que las de ninguno. Si, definitivamente era mi amigo.
“Daaaaaaaaaaviiiiiid!!!”, no había hablado de su voz, grave y potente, como la de un buen matón. “Daaaaaaaaaaviiiiiiid!!”, como para no asomarse.
Saco la cabeza tímidamente por mi ventana y ahí está, el enorme cabezón de mi “amigo” Toni intentando, inútilmente, entrar por los barrotes del patio. Que baje me dice, que están ahí con él Sheila y Ana Vanessa.
Sheila y Ana Vanessa…… buff!! En 3 segundos estoy completamente desnudo y literalmente dentro del armario buscando mis mejores ropas. ¿Cuál será la MÍA? ¿Será alguna la MÍA?¿Será algo por fin?
Bajo como un pincel y, con triple dosis de colonia barata y 129 pulsaciones por minuto, desciendo las escaleras de tres en tres con la fuerza de la gravedad descompensada por el peso extra de mis cargados huevecillos de adolescente.
Abro la puerta del portal y me encuentro con mi amigo cabezón y sus dos amigas. “Vamos al garaje”,”para?”, “Tú ven y ahora te explico”, “vale”. Risas, de ellas. Yo y mi corazón taquicardico nos metemos de nuevo en el portal y cogemos el ascensor junto con nuestros tres acompañantes.
Antes de llegar al garaje hay una pequeña habitación que separa al ascensor y al resto del edificio del garaje. Tres metros cuadrados a lo sumo pintados de blanco y con uno de esos interruptores que se ilumina cuando la luz está apagada. Todavía no se había iluminado.
Voy a abrir la puerta para acceder al garaje y Toni me lo impide. Me mira y sonríe. “de qué va esto tío?”, “tu espera”, “espera para qué?”, “qué esperes joder”. Espero.
Mientras, esas dos pánfilas siguen cuchicheando en una esquina de la habitación, como negociando algún mal asunto.
Yo me pongo contra la pared, derrotado por la situación, no se que va a pasar ni porque, si me va a gustar o si de esta me voy a acordar el resto de mi vida. La gran putada, por Toni, el fibroso cabezón. Pasaré a la historia como el pringado más grande del globo?
Se apaga la luz. Se ilumina el interruptor. Antes de que me de tiempo de encenderlo unas manos que no son las de Toni agarran a las mías, un cuerpo que no es de Toni se aprieta contra el mio y una lengua que no es la de Toni se mete en mi boca y empieza a jugar con mi lengua asustada.
No tengo ni idea de porque me está haciendo esto, nunca lo había imaginado tan…., no sé, tan…… “salivoso”. Si, esa es la palabra que lo define, salivoso. Muevo la cabeza y la lengua intentando en todo momento coordinarlas con las suyas, para no parecer un torpe y un novato. Al minuto de estar experimentando empiezo a sentir sensaciones diferentes, todas ellas agradables. Ya me he adaptado a la situación, es excitante y divertida. Mis manos deciden entrar en acción y palpar ese cuerpo que viene acompañando a la lengua y la boca desde el principio y que había dejado abandonado para concentrarme en perfeccionar mi intercambio de lengüetazos salivosos.
Mi primer beso. En la habitación de un garaje, completamente a oscuras, sin saber a quien se lo estoy dando. No, no es como me lo esperaba. Pero es genial.
A la media hora salimos del garaje. Todos rojos como tomates y medio sudados. En el ascensor casi no hablamos. Toni se limpia la boca bruscamente, como quien intenta despojarse de un pecado con su camiseta, restregándose con saña. Me mira y sonríe. Si, acaba de pasar oficialmente a amigo.
No he cruzado una sola palabra todavía con ninguna de las dos. Son de la misma estatura, las mimas medidas, idéntico pelo. No sabría diferenciar con cual de las dos he estado dejándome el morro durante media hora. Nos sentamos en un banco. Toni se queda de pie. Empieza a hacer el pato y a contarnos anécdotas, de las cuales calculo que el 91.7% son mentiras, el 3,3% verdades a medias y el 5% cosas que le han pasado a otras personas. Pero es divertido, como cuando escuchas la radio por la madrugada y oyes los testimonios y anécdotas de media España.
De repente Sheila se acerca y me dice al oído, “besas muy bien, se nota que tienes experiencia”, y yo, con una ceja medio levantada, más por asombro que por chulería, le contesto, “tú también”, le muerdo el labio y sigo escuchando a Toni. En ese momento no me di cuenta, pero acababa de dar carpetazo a una época de mi vida y comenzaba otra completamente nueva, desconocida y excitante.
Fin del recuerdo nº 2354
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El Cigarrito de Después |