Archive for the ‘Momentos Intensos’ Category

Nov-9-2007

MOMENTOS INTENSOS (la función)

Quinientas cuarenta y tres butacas, un escenario, cuatro chupitos de coñac, un sombrero, un maletín vacío y una gabardina y debajo, unos pantalones vaqueros recortados y nada más. Yo maquillado, ella, maquillada, todos maquillados.

500 rumores más allá de las cortinas rojas, yo, sentado en un taburete, en medio del escenario, se abrirán las cortinas, comenzará la función. Manos sudorosas, taquicardías, un nudo en la garganta y nervios. Y dudas, muchas.

La cabeza agachada, mirando al suelo, la concentración dispersa y la dispersión concentrada en un sólo punto del suelo, una marca, una x hecha con dos tiras blancas. Los actores que pasan a mi lado, me tocan, me abrazan y me preguntan. Contesto poco o no contesto. Trago saliva, contínuamente.

Se bajan las luces y se apagan los rumores de la sala. Expectación ante la primera palabra del narrador. Aparto el taburete, busco la marca en la oscuridad, me cuadro y respiro entrecortado.

El narrador termina, sale de escena y se corren las cortinas. Un foco salvador me ciega, me guía y la piel que me cubre, de gallina. Empieza la función.

(Echo de menos el teatro)

Publicado en Momentos Intensos |
Oct-27-2007

MOMENTOS INTENSOS (del todo)

Subo las escaleras y me tiemblan las piernas. Agradezco al arquitecto que pusiera la barandilla y dejo caer todo mi peso en ella.

 

Me siento en la incómoda silla de la consulta mientras ella va de un lado para otro. Está bastante atareada. Me han dicho que es una bruja, se deleita en la entrega de resultados. Una a una y con parsimonia clerical, va mencionando las enfermedades como si de pecados se tratara y luego hace una larga pausa para dar el resultado:

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Publicado en Momentos Intensos |
Oct-17-2007

MOMENTOS INTENSOS (Lo de Siempre)

Entro.

Voy hacía el revistero sin mirar nada ni a nadie.Cojo el periódico.
Me siento en la mesa de siempre, me quito los cascos y saco mechero, tabaco y móvil de mis bolsillos.

Miro de reojo, buscando su atención. De repente mira, pero sigue a lo suyo. Termina de servir la mesa trece y se acerca. Vigilo todos sus movimientos, aunque parezca inmerso en una noticia del periódico.

He leído las tres mismas palabras durante los cuatro últimos minutos.

Esta vez si. Viene. Trago saliva, intento acomodarme, me aclaro la garganta, preparo mi sonrisa, visualizo la situación, controlo mis impulsos y la aceleración de mi corazón.

 

- ¿Qué vas a tomar?

 

- Lo de siempre.

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