
- Estoy jodido, realmente jodido, uno piensa que este momento no va a llegar nunca, o cuanto menos que pasarán mínimo 18 o 19 años antes de tener que enfrentarse a la evidencia. Pero no, es ahora, después de 15 años, la niña de mis ojos ya está preparada…
- Es normal Jose po…
- ¡A la mierda la normalidad David!, solo tiene 15 años y el otro día la pillé hablando con su amiga en el cuarto y diciendo como iba a ser vulgarmente desvirgada por un niñato lleno de granos al que tengo más que calado y que Dios me perdone si el pobre chaval acaba recibiendo una somanta de hostias monumental, pobre, no tiene la culpa de ser un salido mental, tiene 16 años, pero alguien tiene que pagar mi cabreo y no me gustaría acabar echando a uno de la empresa por esta mierda.
- Joder Jose, como eres.
- Calla que ahí viene.
Y en ese momento entró Luz, la niña de los ojos de mi mejor amigo, una adolescente de 15 años que desprendía sensualidad en cada movimiento, que quemaba con su mirada a cualquier hombre, 15 años a punto de estallar sexualmente, contenidos a duras penas bajo ese culote verde y esa camisilla naranja sin espalda que mostraban a la perfección su figura prieta en todo su esplendor.
- Buenos días papi, buenos días tio David- A su padre le dio un beso casto lleno de cariño en la mejilla y a mi también, aunque en mi caso rozó mi labio inferior y estaba lleno de intención.
- Buenos días pequeña, recuerda que tu madre pasa a recogerte a las cuatro y cuarto. Yo me voy corriendo que llego tarde a la oficina, el tio David te acercara hasta el colegio. No tardes en desayunar y no les des el coñazo más de lo necesario a tu tio, de acuerdo?
- De acuerdo papá, te quiero- Luz lanzó un beso volado a su padre y después dejó su mirada puesta en mi mientras se daba la vuelta con una mueca divertida, como si todo fuera siempre un juego, como si algo emocionante fuera a pasar en cada momento.
- Y yo cariño, y yo.- Jose respiraba con resignación, superado por el recuerdo constante de su hija desvirgada en un baño de discoteca de mala muerte de cualquier discoteca para adolescentes de la ciudad- David, gracias por llevarla, nos vemos a las siete para el partido ¿no?
- Dalo por hecho.
Mientras escuchaba primero los pasos de Jose yendo hacia la puerta y luego el ruido de las llaves en su bolsillo y del coche arrancando y saliendo de su jardín, estuve mirando a Luz fijamente. Se movía por la cocina casi bailando, contoneando las caderas y tarareando alguna canción de moda que seguro había escuchado en la radio. Abría la nevera, se agachaba lentamente, se movía, cogía algo y volvía sobre sus pasos mientras con el rabillo del ojo se cercioraba de tener mi absoluta atención en su danza de apareamiento. Yo no podía dejar de pensar en aquel niñato atormentado, matándose a pajas en el baño de su casa después de haber pasado una tarde tras otra con ella y haber sido objeto de todos sus juegos y castigos sexuales. Yo había sido ese chaval hacía mucho tiempo, sabía lo que se sentía. Ahora por suerte, todo aquello aunque me perturbara, no conseguía hacer que se paralizaran todos mis mecanismos de defensa y asisitia embelesado pero tranquilo a aquella bella danza de atracción que Luz me estaba dedicando de manera exclusiva.
- ¿Qué es eso que cantas y no dejas de bailar?
- ¿Te gusta?
- Si te refieres a como bailas, si, no está mal, veo que sabes moverte.
- Sé hacerlo mejor, es solo que acabo de despertarme y aún estoy algo borracha de sueño- Luz cogió su taza y el bollo que se había preparado y se acercó a la mesa, sentándose justo en la silla que estaba a mi lado y, no contenta con eso, la acercó un poco más a la mía, de manera que nuestras piernas estuvieran todo el rato en contacto . - Me encantan estos bollos, podría estar toda la vida comiendo bollos y viendo películas tumbada en mi cama sin hacer absolutamente nada más. -Luz jugaba con el bollo sobre el plato, haciendo círculos imaginarios y con media sonrisa juguetona dibujada en sus labios.
- Te pondrías gordísima cariño, así no habría manera de que ningún chico se fijara en ti y te perderías lo mejor de la vida.
- Tio David, deberías saber que ya he perdido la virginidad y hace tiempo que soy una mujer.- La bravuconería propia de su edad acababa de darme pie a jugar mi primera mano con ventaja.
- Tu padre no me dijo lo mismo, el otro día te escuchó hablando con una amiga en tu cuarto y por lo visto un tal Eduardo es el agraciado con el número de la lotería que le da el premio gordo de tu virginidad.- A Luz le cambió el semblante durante unos segundos, pasó del rojo de la ira al de la vergüenza por haber sido descubierta, pero se veía que había heredado algo del orgullo de su padre y no tardó más de 5 segundos en recomponerse para volver a atacar. Yo mientras, disfrutaba de la ventaja que acababa de ganar, pero empezaba a preocuparme por el contacto continuo entre nuestros muslos, por unos segundos un impulso fugaz quiso que me abalanzara sobre ella para disfrutar de toda aquella belleza carnal que coqueteaba con mi deseo, pero el sentido de la razón pudo más y resolvió la situación alejando la mirada hacia la ventana, como si algo del exterior hubiera llamado poderosamente mi atención.
- Si, bueno, parece ser que el entrometido de mi padre ha descubierto mi virginidad, pero sé perfectamente qué y cómo tengo que hacerlo tio David, he estado muy cerca de hacerlo más veces de las que a él le gustaría, eso si que puedo jurártelo aquí mismo. - Mientras me decía esto con sus ojos fijos en los míos sin pestañear una sola vez, había montado su pierna sobre la mía, de manera que mi mano estaba casi posada sobre su muslo desnudo. Yo sabía perfectamente que se trataba de una estrategia para hacerme perder toda la ventaja que había ganado, quería ponerme nervioso como hacía con todos aquellos niñatos, quería hacerme dudar, que titubeara, hacerme perder el control sobre la situación, así que decidí asustarla un poco, sabía perfectamente como pensaban estas niñas, en cuanto viera que podría suceder algo, se echaría para atrás con el rabo entre las piernas, así que pose mi mano sobre su muslo y empecé a acariciarlo, llegando siempre hasta la costura deshilachada de su culote, introduciendo de vez en cuando un dedo por debajo de él y sintiendo como se le erizaba el vello por ahí por donde pasaban mis dedos.
- Vamos tio David, sé que puedes hacerlo mejor- Luz me desafió con la palabra, con el acercamiento de su cuerpo, con la mirada, con la mueca de sus labios, me desafió a que lo hiciera, me desafió a la dulce traición que supondría aprovecharme de la hija de mi mejor amigo en la cocina de su casa, en su propia casa, donde horas más tarde estaríamos viendo el partido.
- Cariño, no juegues con fuego, no quieras jugar, en realidad eres demasiado pequeña para saber que significan ciertas cosas- Luz puso su mano sobre la mía y suavemente, fue haciendo fuerza sobre ella y deslizándola a su antojo, primero hacia abajo, hasta el punto donde comenzaba su rodilla y luego hacia arriba, parando justo a la altura del culote para acercarse y susurrarme al oído “no sabes lo cachonda que me pongo cada vez que me llamas cariño, tio David”. Luego metió mi mano bajo el culote y pude sentir como un calor insoportable entraba en mi cuerpo justo en el momento en el que comencé a acariciar su clítoris. Luz se estremeció con el primer contacto, asustada quizás por la intensidad de la sensación, alejó su mano de la mía y empezó a respirar profundamente, alzó la cabeza y cerró los ojos, echando todo su cuerpo para atrás y arqueándose sobre la silla. Yo asistía expectante a sus movimientos, sin caer en la cuenta de que era mi mano la causante de todo aquello, seguía moviéndose rítmicamente, haciendo círculos sobre el mismo punto, cambiando a veces la presión, el ritmo, la posición de mis dedos. Luz estaba entregada a aquel inmenso placer, jadeaba y se mordía los labios, agarraba con todas sus fuerzas el respaldo de la silla, a veces gemía y llego incluso a gritar en algún momento. Después se relajó un poco, se recolocó en la silla y acercó su mano a mi pantalón.
- Fóllame tio David, quiero que me folles encima de la mesa, quiero que seas el primero en disfrutarme.
Yo había entrado en un trance sexual, la cogí en peso y la subí a la mesa de la cocina, le quité la camisa y empecé a morderle los pezones, a lamerle el cuello y a tirarle del pelo hacia atrás con una mano mientras con la otra intentaba desabrocharme el cinturón y deshacerme de los pantalones, ni siquiera me molestaría en quitarle el culote, me la follaría así mismo. Cuando había conseguido bajarme los pantalones hasta las rodillas, Luz me empujó hacia atrás y perdí el equilibrio cayendo al suelo y golpeándome con la cabeza en una pata de la silla.
Cuando conseguí levantarme Luz ya no estaba encima de la mesa, ni siquiera estaba desnuda, estaba apoyada sobre el marco de la puerta de la cocina, perfectamente vestida y con el bollo en la mano. Yo mientras estaba jadeando, con los pantalones bajados hasta las rodillas en mitad de la cocina y una erección de caballo que parecía que en cualquier momento iba a atravesar mis calzoncillos.
- ¿Ves, tio David, cómo he estado más cerca de lo que tú crees de hacerlo y que se el cómo y el qué debo hacer?
Nueve horas después yo estaba en la sala contigua con Jose, ya sin la erección, viendo el partido y bebiendo cervezas mientras poníamos a parir al comentarista de turno.
- Joder David, no dejo de darle vueltas al tema de mi niña, ¿qué coño se supone que debo hacer?
- ¿Sabes Jose?- tardé un momento más de lo aconsejable en contestar, pero aquella frase tenía que ser lo suficientemente buena para dejar tranquilo a Jose y lo suficientemente cauta para que no acabara siendo el principio de mi confesión- no deberías preocuparte, has educado a tu hija a tu imagen y semejanza, no creo que ningún tio pueda aprovecharse jamás de ella.- Jose bebió un largo y reconfortante trago y luego suspiró.
- Gracias David, eres un amigo.
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